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LA RAZÓN DE LA SINRAZÓN (II)

   /  02/11/2009  /  Comentar

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César Valdeolmillos

Recordando el artículo anterior, en el que se establece claramente la diferencia entre un Estado aconfesional y un Estado laico, con una naturalidad verdaderamente inquietante, hemos aceptado casi como su fuera el Evangelio, el que por parte de la izquierda española, de forma expresa y arrojadiza y por parte de la derecha de forma callada y vergonzante, permanentemente se siga acudiendo como causa de todos nuestros males, al tópico de Franco y al alzamiento militar de 1936, después de 34 años de su muerte y de 73 de haberse producido este triste episodio de nuestra historia que fue la tercera guerra civil española.

Resulta un recurso infalible para culparle de todos aquellos males acaecidos en España, los que estamos viviendo y los que nos hayan de sobrevenir cien años después. Burda y demagógica táctica esta para ocultar la propia incapacidad de quienes nos dirigen, que aún sigue surtiendo su efecto en los sectores más iletrados de espíritu sencillo y simple, gracias a la amplificación que estas consignas encuentran, en la mayoría de medios de comunicación sumisos o afectos al poder y generosamente tratados por este. Pero constituye una ofensa para la inteligencia admitir simple y llanamente esta excusa tan tosca y grosera, cuando después de casi 31 años de democracia, la izquierda ha estado 20 de ellos ostentando las responsabilidades del gobierno de la nación y en algunas autonomías como Andalucía y Extremadura —precisamente las más pobres y atrasadas— siempre.

Yo me pregunto: ¿Cuánto tiempo necesita la izquierda para corregir, perfeccionar, hacer o deshacer la obra de Franco? Profundizar con rigor y veracidad en estos temas, con seguridad nos conduciría a resultados sorprendentes —para muchas generaciones desconocidos— que pondrían al descubierto las demagógicas falacias de la izquierda española. Una izquierda que se quedó sin discurso con el fracaso de la revolución cultural de Mao —esa pesadilla de fanatismo y destrucción que costó más de diez millones de muertos— y el colapso del bloque socialista europeo que fue el resultado de la desaparición de la que fuera una de las mas grandes potencias de la historia, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que se desplomó como castillo de naipes, produciendo su desintegración y el ocaso del muro del Berlín. Una izquierda española que, perdida y desorientada, ahora, con la sectaria Ley de la Memoria Histórica, pretende ganar en España una guerra que perdió hace 70 años y de la que no resulta políticamente correcto analizar cual fue la semilla, ni quien la sembró, y que produjo ese horrendo fruto.

Pero ya se sabe: “Jalisco nunca pierde y cuando pierde arrebata”, que en el argot mexicano significa “ganar como sea”. ¿Recuerdan ustedes aquella frase que captó un micrófono indiscreto y en la que el actual jefe del ejecutivo español Sr. Rodríguez, dirigió en la Cumbre Euromediterránea de Barcelona en el año 2005 a su director del área internacional, Carles Casajuana, cuando las negociaciones estaban a punto de fracasar?: “cerrar” un texto “como sea”. ‘¡Hay que cerrar un texto como sea, vamos!’.

Podría aquí añadir alguna frase llena de ironía y mordacidad sobre la intencionalidad de lograr los objetivos perseguidos “como sea”. Pero dada la gravedad del hecho, prefiero recordar la frase de Jacinto Benavente: “La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe”. 

Hoy nos asombramos a diario de las actitudes, gestos y decisiones del actual jefe del Ejecutivo socialista. Pero quizá las comprendiésemos mejor si hiciésemos algo de historia, en la mayor parte de las ocasiones, intencionadamente ocultada y no difundida.

En 1910, Pablo Iglesiasfundador del PSOE— ya aplicaba el principio del “como sea”, pronunciando en el Parlamento estas palabras: “El PSOE viene a buscar aquí (al Parlamento), a este cuerpo de carácter eminentemente burgués, lo que de utilidad pueda hallar, pero la totalidad de su ideal no está aquí. La totalidad ha de ser obtenida de otro modo. Mi partido está en la legalidad mientras ésta le permita adquirir lo que necesita; fuera cuando ella no le permita alcanzar sus aspiraciones”. Es decir: “como sea”.

Tras haber sentado en el banquillo de los acusados en 1966 a un Delegado Provincial de Sindicatos y Jefe Provincial del Movimiento —por aquella época virrey de la provincia— con el consiguiente riesgo de haber dado con mis pobres huesos en la cárcel, creo que nadie tendrá la osadía de tildarme de fascista, franquista, facha o cualquiera otro de los respetuosos epítetos que la izquierda española utiliza contra quienes no estamos de acuerdo con sus postulados.

Pido perdón a los lectores por haberme tomado esta licencia personal, pero creo que la misma me proporciona la fuerza moral y política necesaria para afirmar seguidamente que la proclamación de la II República Española, fue un acto de fuerza ilegal (1) , basado en la filosofía anteriormente expuesta de Pablo Iglesias. 

El 13 de abril de 1931 tuvieron lugar unas elecciones municipales, ni siquiera Legislativas y por supuesto no Constituyentes. De ellas solamente se podía derivar, legalmente, la constitución y composición de todos los ayuntamientos de España y solamente de los ayuntamientos. Según Tuñón de Lara, que no parece sospechoso de parcialidad monárquica, salieron elegidos 22.150 concejales monárquicos y 5.775 republicanos. Las cifras oficiales no fueron publicadas nunca, y con variaciones en las cantidades, pero no significativas en la proporcionalidad, el triunfo de las candidaturas monárquicas ha sido admitido por la totalidad de los historiadores de este período. Afirma el historiador Ricardo de la Cierva (2) que la ocupación del poder por el Comité revolucionario el 14 de abril de 1931, fue un golpe de Estado.

El mismo día en que tuvieron lugar dichas elecciones, Alcalá Zamora —en esa fecha Presidente del improvisado Gobierno Provisional de la República— exige, ilegalmente, la marcha del rey antes de la puesta del sol del siguiente día 14. Las masas furiosamente vociferantes se concentran ante las puertas del palacio real. Para evitar el menor derramamiento de sangre, Alfonso XIII sale por la puerta del Campo del Moro, ya que había sido advertido del peligro existente para su seguridad física. El Rey se traslada en automóvil a Cartagena desde donde parte hacia el exilio. 

De los doce miembros del Gobierno Provisional que se forma, según Ricardo de la Cierva, seis eran afiliados a la Masonería. Pequeño detalle que podría explicar, en parte, que ya en los días 11, 12 y 13 de mayo de 1931 ardieran 107 iglesias y conventos en 10 capitales distintas: Madrid, Zaragoza, Valencia, Alicante, Murcia, Málaga, Córdoba, Sevilla, Cádiz y Huelva. Consta que ardieron bastantes más que no han sido contabilizadas. Miguel Maura, ministro de la Gobernación, pidió permiso al Consejo de Ministros para que las Fuerzas de Seguridad evitasen esos desmanes. El Consejo negó por votación ese permiso. Quedaba introducido por tanto, el todo vale o como sea, contra cualquiera que pensase distinto.

De este modo quedaban frustradas las esperanzas de hombres como Ortega y Gasset, protagonistas del cambio de régimen y que fue el momento en el que alzó su voz con su universal y famoso “¡No es esto, no es esto!”. 

Los comentarios que Ángel Maestro hace al libro de R. de la Cierva, “El 18 de julio no fue un golpe militar fascista”, Ed. Fénix, Madrid, 1999, ponen de relieve la similitud de actitudes por parte del PSOE de 1931, con el actual.

“El autor retrata a Azaña —posterior presidente del Gobierno de la República— como un jacobino, afiliado a la masonería, anticatólico y antimilitarista, inclinado a la prepotencia y la arbitrariedad. La negativa a aceptar el resultado derechista de las elecciones de 1934 demostró que Azaña no era demócrata. Tampoco actuó como un liberal, pues cercenó las libertades religiosa y de enseñanza, así como la de expresión con frecuente recurso a la previa censura gubernativa, e ignoró a la oposición. Era “intolerante e intransigente y despreciaba a sus adversarios, además de impedirles el ejercicio de sus libertades”. Y no hizo reforma positiva alguna, ni siquiera la agraria o la bancaria. “No gobernó con la razón, sino con la sinrazón, no para todos los españoles, sino para media España en contra de otra media.” No sé si esta actitud de hace más de tres cuartos de siglo, traerá a la mente alguna semejanza con la actual que estamos padeciendo. 

Los dos hombres clave de la II República fueron los Presidentes de Gobierno, Manuel Azaña y Francisco Largo Caballero. Sin su eficaz cooperación no se hubiera podido llegar hasta las dos tristes guerras civiles que sufrimos.

El 30 de agosto de 1934, el demócrata Manuel Azaña afirma: “si la CEDA —equivalente al PP actual— ganadora de las democráticas elecciones de 1933, (realizadas con normas dadas y regidas por el propio gobierno republicano de Azaña), reclama el poder que le corresponde, la izquierda se lo impedirá, incluso mediante la revolución violenta”. Obsérvese la constante de la izquierda en la ocupación del poder como sea. 

De Largo Caballero dice Salvador de Madariaga: “No ocultó jamás su intención. Siempre fue su propósito llevar a España a una dictadura del proletariado”. Dos guerras civiles llevan el sello de Largo Caballero en sus intentos por encontrar una vía rápida a su proyecto.

La primera surge tras las elecciones de noviembre de 1933 que fueron perdidas por el PSOE, pero no acatadas y comenzó a preparar la rebelión armada con el fin de conquistar por la fuerza de las armas lo que le habían negado las urnas. El 11 de septiembre de 1934 la guardia civil descubre que un gran alijo de armas transportado por el navío Turquesa, estaba siendo desembarcado bajo la inspección personal de Indalecio Prieto como ministro de Obras Públicas, a camiones de la Diputación de Asturias regida por los socialistas. Se preparaba la insurrección. 

Pero la prueba definitiva contra la legitimidad de la II República, fue la revolución de octubre de 1934, organizada por los socialistas y sus aliados de la izquierda. Cita el famoso texto de S. de Madariaga: “Con la rebelión de 1934, la izquierda española perdió toda sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936”. Cabe citar también los documentos exhumados por Pío Moa sobre las directas y principales responsabilidades del PSOE en la cruenta revolución de octubre de 1934. Los documentos socialistas que transcribe el autor son verdaderamente abrumadores por su crueldad, ya que incitan al secuestro y asesinato, así como al robo. La progresiva degradación de la II República está someramente descrita en el Dictamen de Burgos (1938), que es reproducido parcialmente. Pero el autor va más lejos: «Las elecciones de febrero de 1936 fueron antidemocráticas». Y cita la opinión de J. M. Gil-Robles: la mayoría frentepopulista se logró en 1936 en segunda vuelta mediante la inicua anulación de actas derechistas. Para remate se destituyó ilegalmente a Alcalá Zamora como presidente de la República, por oponerse al frentepopulismo revolucionario.

Finalmente, el asesinato del jefe de la oposición, Calvo Sotelo, por guardias de asalto. Así fue el supuesto paraíso democrático destruido por unos curas y militares «fascistas». 

Por tanto queda claro que la segunda guerra va a ser la consecuencia de las elecciones del 16 de febrero de 1936. Portela Valladares —Presidente del Consejo de Ministros— abandonó el poder sin haberse hecho público los resultados y sin esperar a la segunda vuelta. El Frente Popular se hizo cargo del gobierno ilegalmente y manipuló las actas con toda clase de pucherazos y trampas, hasta que resultó ganador ya en esta primera vuelta, según demuestran las últimas investigaciones de los historiadores. 

Gil Robles, como jefe de la oposición, informa a las cortes reunidas el 15 de junio de 1936 que desde el 16 de febrero a ese día, habían sido destruidas totalmente 196 iglesias, se habían perpetrado 334 asesinatos, 78 centros políticos fueron destruidos, hubo 192 huelgas generales y 10 periódicos deshechos. Había un peligro cierto de aniquilación sobre esa “media España que no se resignaba a morir”.

Tenemos probadas las funestas consecuencias de nuestras dos repúblicas. Hoy la acción del Presidente del ejecutivo español, nos está aproximando peligrosamente, a lo que fueron nuestras repúblicas:

• Rompiendo todos los pactos de Estado que había suscritos entre PP y PSOE, algunos firmados por el propio Sr., Rodríguez, como el Pacto Antiterrorista.

• Ignorando absolutamente a la oposición, que representa a media España.

• Tratando de eliminarla del panorama político organizando el cordón sanitario que supuso el Pacto del Tinell.

• Ignorar a las víctimas del terrorismo negociando con lo asesinos y calificándolos de hombres de paz. 

• Haciendo de la mentira y propaganda la base permanente de su discurso. 

• Pretendiendo amordazar a los legítimos representantes de la Iglesia Católica, reconocida en nuestra Constitución con el mandato imperativo de mantener con ella una política de cooperación. 

• Promoviendo leyes sanguinarias como la del aborto que va a hacer de España el paraíso de la muerte, a la que sobrevendrá la Ley de la Eutanasia, eufemísticamente denominada como “muerte digna” o “asistida”. Otro día trataré de la importancia que tiene la perversión del lenguaje.

• Permitiendo que una menor aborte sin el consentimiento de sus padres, socavando con ello la Patria Potestad de los mismos y sustituyéndola por la del Estado.

• Promoviendo la Ley de la memoria histórica, tratando de santificar la República y poco menos que beatificar a todos aquellos que se dedicaron a incendiar Iglesias y asesinar indiscriminadamente a sacerdotes, monjas, ancianos, mujeres y niños, por el simple hecho de ser creyentes. A título de sombrío ejemplo, recordemos el episodio de Paracuellos a cuyo responsable se le han rendido homenajes oficiales.

• Promulgando la Ley de Educación para la Ciudadanía, a semejanza de los Principios Fundamentales del Movimiento del franquismo, e impregnando en las mentes de nuestros niños y adolescentes toda una ingeniería ideológica moral y afectiva que está fuera de las atribuciones y competencias del Estado.

• Hundiendo a España en la depresión mas grande que ha conocido en mas de medio siglo.

• Diciendo que el concepto de Nación, es un concepto discutido y discutible.

• A partir de esas manifestaciones, ha permitido que se haga mofa y rechazo público de las enseñas nacionales, tanto dentro como fuera de España, incluso en presencia de la más alta magistratura del Estado. 

• Recientemente en la mesa de negociación por el Pacto Social ¿Qué ha hecho? En vez de agotar las vías de negociación intentando acercar a las partes, demonizar a los empresarios, que son los únicos que crean los puestos de trabajo y representan la riqueza de cualquier país. El no quería ningún pacto, quería un culpable para presentarse como el ángel salvador de los trabajadores. Primero creamos la pobreza y la miseria y después les damos una limosna, presentándonos como salvadores. 

• Y esto no es más que una pequeña muestra de la larga serie de medidas que ha adoptado en clave electoral y populista, a base de reabrir las heridas de las dos Españas que habían quedado cerradas con la aprobación de nuestra Carta Magna en 1978. 

Hacer esto con un pueblo, por el simple hecho de mantenerse en el poder, no es deleznable, es simplemente diabólico, perverso, infame, y su proceder oportunista basado en la mentira constante con la mirada puesta siempre en el voto, propio de un vil trilero. Por tanto, examinando los antecedentes históricos de la izquierda y comparándolos con su proceder de hoy, dije entonces y me ratifico ahora, en que la izquierda española ha demostrado sobradamente, que en vez de fijar sus objetivos en un futuro en el que reine la armonía, la paz, la prosperidad y la colaboración entre todos los españoles, nostálgicamente sigue anclada en la noche oscura del pasado y sus prejuicios, haciendo suyas las prácticas antidemocráticas, sanguinarias y cristianofóbicas, de las que todos los españoles venimos siendo sufridores testigos.

Y la Jefatura del Estado, no parece ser, precisamente, un talismán que esté dispuesto a corregir el mal rumbo que llevamos.

César Valdeolmillos Alonso

 

1. “La segunda República” de Ricardo de la Cierva.

2. “El 18 de julio no fue un golpe militar fascista” de Ricardo de la Cierva. Ed. Fénix, Madrid, 1999

Primera parte de este artículo: La razón de la sinrazón I”

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