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LA CRISIS COMO DESPERTAR

   /  18/06/2010  /  Comentar

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Creíamos vivir en el mejor de los mundos, podíamos consumir sin cortapisas, había créditos baratos para comprar nuestras viviendas, que se revalorizaban de un día para otro. El futuro estaba garantizado por el sistema de pensiones. Para la juventud días de vino y rosas, botellón y sexo seguro, sin compromisos. Ha soplado el fuerte viento de la crisis y todo se ha venido abajo.

Parece claro que todo estaba construido sobre arenas movedizas en lugar de sobre roca firme y segura. Los problemas políticos, financieros, económicos y laborales no se han originado por simples errores de los que gestionan la vida pública, sino por el abandono de los valores morales imprescindibles para establecer una convivencia sostenible, que es mucho más que una economía sostenible.

Era necesario mantener la administración sobre el principio del bien común, con una gestión económica austera y transparente, con la promoción de los valores comunes, con respeto escrupuloso de los derechos de las personas, de las familias y de los grupos sociales, limitando la acción subsidiaria del Estado a aquellos campos en los que resultara imprescindible.

En lugar de vigilar a los actores económicos, se ha dejado vía libre al egoísmo, la codicia y el privilegio de los poderosos, a los que se ha ayudado de forma descarada a costa de todos los demás.

En lugar de una gestión política austera y eficaz, se han multiplicado las administraciones despilfarradoras de los recursos aportados por los ciudadanos, a los que se les quiere exprimir con más impuestos.

En lugar de buscar la solidaridad entre todas las regiones de España, sumando las diferencias en una realidad total más rica, se ha facilitado la desunión, los discursos identitarios, la desigualdad, el enfrentamiento, por motivos electorales.

En lugar de respetar lo derechos de las personas, de las familias, de los grupos  sociales, se restringen y manipulan hasta hacerlos inexistentes. Unos gobiernos despóticos deciden sobre lo que tienen que aprender nuestros hijos, aun en contra de nuestras convicciones. Deciden sobre todo, favorecen a los afines, dificultan lo que se les opone. Aquello de que todo está permitido, excepto lo expresamente prohibido se ha tornado en que todo esta prohibido, excepto lo administrativamente autorizado, usando de una sospechosa discrecionalidad.

En lugar de una función subsidiaria se ha establecido una administración intervencionista que crece, se duplica, se contradice, escasamente sujeta a controles, incluido el judicial.

Pero todos, de alguna manera, somos responsables de la crisis y el desastre, adormecidos, hemos pretendido vivir por encima de nuestras posibilidades olvidando el valor de la sobriedad; hemos esperado ser más ricos, sin el valor del esfuerzo, ya que lo que teníamos subía misteriosamente de precio; hemos desechado el valor del sacrificio, del dominio de sí mismo, a cambio de facilidades de todo tipo en el estudio, el trabajo, el sexo; hemos proscrito el  compromiso permanente, el amor conyugal como donación y fidelidad, el matrimonio como un serio proyecto de vida en común y nuestras uniones son cada vez más inestables, la natalidad desciende, nos convertimos en una nación envejecida; hemos creído en el “estado de bienestar” que nos cuidaría de la cuna a la tumba y hemos olvidado que si renunciamos a forjar nuestra propia vida con esfuerzo, trabajo y honestidad, caeremos en el triste camino de la servidumbre.

Francisco Rodríguez Barragán

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