Cargando...
Estás aquí:  Portada  >  Hemeroteca  >  Noticias  >  Opinión  >  Con firma propia  >  Artículo actual

VIEJO

   /  29/06/2010  /  Comentar

    Imprimir       Email

El espejo de los grandes almacenes reflejó inesperadamente mi imagen, que me costó unos momentos reconocer. Mi recuerdo de cuando era joven seguía vivo y chocaba con la figura que tengo ahora de viejo arrugado y calvo que me cuesta trabajo aceptar.

Dejé escapar el autobús por no ser ya capaz de correr para alcanzarlo y esperé al siguiente. Pensé que el tiempo cada vez tiene menos importancia para mí. He vivido muchos años corriendo de un sitio a otro, de una cosa a otra, pero ahora comprendo que carecen de sentido tanta agitación, tantas preocupaciones. Tengo que ver la vida con sosiego y aceptar mi insignificancia.

Cuando subo al autobús una joven sudamericana me cede el asiento. No hay duda de que soy viejo. Cada vez con más frecuencia me ceden el asiento y es curioso que, casi siempre, sean los emigrantes quienes lo hacen. Un joven alto y moreno me dijo: siéntese aquí, abuelo. Le agradecí el asiento y el tratamiento.

Antes me desplazaba conduciendo mi automóvil o andando. Ahora ando poco, a pesar de las recomendaciones de mi médico, y conduzco también poco, porque me asustan los atascos de tráfico, las obras constantes, las dificultades para aparcar y la artrosis de mis piernas al entrar o salir del coche. Por eso ahora soy un usuario permanente del transporte público.

Estas cosas que estoy contando quizás no le interesen a quienes las lean, pero serán compartidas por aquellos que les pasa lo mismo y a los que no les pase, ya les pasará.

Los años me han dado experiencia, pero la experiencia no es algo que interese a los demás. Me he dado cuenta del valor de la experiencia de mis padres, cuando he llegado a su edad y quizás lo mismo les pase a mis hijos.

He luchado por muchas cosas que consideré valiosas pero lo más valioso, lo que no ha pasado, lo que sigue ahí es mi familia, el amor de mi esposa, la alegría de haber visto crecer a mis hijos y ahora a mis nietos y sobre todo que seguimos creyendo, que seguimos esperando en Dios, quien nos ha ido llevando por la vida. Al mirar hacia atrás vemos la acción de Dios sobre nosotros, aunque no nos diéramos cuenta de su presencia en aquellos momentos.

Cuando nuestro futuro se reduce y la vejez se va desvelando con sus limitaciones, sus sombras, sus dolores, pienso que ha llegado el momento de irse despojando de todo aquello que ya no va a servirme: los libros que leí pero que no voy a releer, las cosas que coleccioné pero han dejado de atraer mi atención, las posturas que defendí pero no han llegado a cuajar en nada y tantas cosas por las que no van a preguntarme cuando llegue el momento de presentarme ante Dios.

Al atardecer de la vida nos examinarán del amor. ¿Podré suplir en este atardecer el amor que no llegue a dar en tantos años? De cualquier forma la vida eterna que espero no será una recompensa por mis buenas acciones sino un regalo de la misericordia de Dios que nos ha merecido Jesús, a quien siempre he confesado como Señor.

Mientras pueda seguiré mirando la vida, sin odio ni rencor y ofreceré mis pobres reflexiones a quienes se tomen la molestia de leerme.

Francisco Rodríguez Barragán

    Imprimir       Email

Gracias por elegirnos

  • ElGuadalope.Radio.(G180)

    logoElGuadalope.Es

    Con +2 millones de consultas

    ® T.N.C. 290.177

    www.elguadalope.es

    ©1917 ® 2009 EL GUADALOPE

    Con nuevos retos...

    EuroGlobalMedia
    WhatsApp
    Pincha y escucha... ElGuadalope.Radio.(G180)

    Actualidad, entrevistas, plenos y música 24h. 

  • Opinión lectores

  • Hemeroteca

Te podría gustar...

El podrido escenario de la política

Leer Más →