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Nuestro problemático futuro

   /  23/01/2011  /  2 Commentarios

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En un constante machaqueo, tanto desde los medios gubernamentales como desde sus terminales mediáticas, públicas o afines, las personas que pensamos en forma diferente a las imposiciones de lo “políticamente correcto” somos estigmatizadas como de extrema derecha, fachas, retrógrados y otras lindezas.

Muchas personas evitan manifestar públicamente su desacuerdo con las leyes y medidas que este gobierno ha ido imponiéndonos a lo largo de su nefasta gestión por temor a ser marginados y excluidos.

Otras van adoptando las nuevas ideologías y deshaciéndose de sus antiguas convicciones morales y religiosas, al haber sido convencidos de que hay que ser progres y modernos, aunque no esté claro hacia donde se progresa, ni de las ventajas de una modernidad que nos manipula, que trata de hacernos a todos dependientes del estado, aunque, cuando llegan las crisis, el cacareado “estado de bienestar” se convierta en “estado de malestar”.

Creí que, con la transición, los programas de cada partido iban a ser propuestos a los españoles para que decidieran las que estimaran como mejores soluciones en cada momento.

Pero no ha sido así. No se han votado programas y soluciones, sino posturas ideológicas. Más allá de los votos, se ha buscado, por parte de los partidos, la adhesión incondicional a unas siglas, compactando las adhesiones con el odio hacia las siglas opuestas.

Sobre la idea  de que durante el franquismo gobernó la derecha, se utilizó el cambio de régimen para conseguir el gobierno de la izquierda, una vez aniquilado el ensayo centrista en el que muchos creímos. La izquierda no ha mostrado ningún respeto a la posible alternancia en el poder. Cuando la derecha ganó dos veces, la segunda por mayoría absoluta, la izquierda se dispuso a evitar que ocurriera otra vez.

Durante los últimos años de Aznar, la izquierda movilizó a sus masas con los más variados motivos contra el gobierno y cuando, traumáticamente, ganó las elecciones del 2004, se puso a la tarea de expulsar a la derecha del terreno político. El pacto del Tinell fue un claro intento de acabar con la alternancia y gobernar perpetuamente con el apoyo de los nacionalistas, cuya bulimia fue excitada con toda clase de concesiones. El mensaje era claro: nosotros, la izquierda, vamos a satisfacer todas vuestras ansias nacionalistas, evitemos que vuelva la derecha.

Sin tener para nada en cuenta su propio programa comenzaron a legislar sobre la educación, el aborto, el matrimonio homosexual, la memoria histórica o la ideología de género. Todas ellas, cuestiones que sabían iban a producir rechazo en una parte de la población, pero eso era precisamente lo que buscaban, poder señalar a los contrarios como enemigos del progreso y de la modernidad,  incluida la Iglesia, hundirlos en el desprestigio, con la colaboración entusiasta de los medios de comunicación afines.

La crisis, con el aumento imparable del desempleo, las dificultades financieras, las tensiones con Europa, la pérdida de peso internacional y el hundimiento del estado de bienestar hace que peligre seriamente la permanencia en el poder de la izquierda, por lo que tratarán en lo que resta de legislatura de silenciar “como sea” cualquier medio que señale públicamente sus desmanes. Parece a punto de aprobarse una ley que obligue a las televisiones privadas a mantener la neutralidad en la campaña electoral.

La derecha que espera, no tanto ganar las elecciones como que las pierda la izquierda, está agarrotada, incapaz de manifestar su postura ante el desastre, a fin de no espantar posibles votantes y también porque tiene dirigentes que han asumido muchas de las medidas de la izquierda, cayendo en la trampa de los eufemismos de lo “políticamente correcto”. Lo último que nos dice es: “podéis confiar”, pero no sé muy bien en qué. Vamos a ver si lo clarifica.

El mañana nunca está escrito, pero se puede aventurar que seguiremos arrastrando una democracia devaluada, en manos de políticos ávidos de poder y beneficios, en lugar de estadistas dispuestos y decididos a enderezar el rumbo de este país que se llama España.

Francisco Rodríguez Barragán

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2 Commentarios

  1. Tod dice:

    Thanks for the interesting information

  2. Abel dice:

    Ya hace tiempo que se vislumbra que la política no es mas que la gestión, por el método piramidal, de los intereses primarios de los partidos políticos, y dentro de ellos, de los mandatarios de “segundo nivel”.
    Ya hace tiempo que se vislumbra que los políticos no son más que marionetas a las que no les importa en absoluto que sus hilos sean cada día más gruesos y visibles. Marionetas dirigidas y vigiladas por los poderes fácticos y por los poderes económicos, que tanto unos como otros alcanzan un ámbito que va mucho más allá de las naciones y sus gobiernos, alcanzando prácticamente ya un ámbito de actuación global .
    ¿El centro? ¿donde está el centro Sr. Rodriguez Barragán? De sus palabras interpreto que nos intenta decir que el mejor representante del centro sería Aznar. No daré mi opinión sobre ello porque a lo peor me censuran el comentario.

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