Cuatrocientos cincuenta mil

(según algunas estadísticas)

Según datos no oficiales (supongo que es difícil la confirmación oficial, ¿a quién interesa?) en el estado español hay más de 78.000 representantes públicos, cifra que se incrementa considerablemente, si englobamos los políticos sin elección  popular que cobran de empresas públicas, fundaciones (algunas sin ningún fundamento democrático) amén de las asignaciones que el estado ingresa a los partidos políticos, asociaciones de todo tipo, incluidas las empresariales y sindicatos y otros complejos entramados ideológicos. La cifra supera las 450.000 personas que cobran directamente del estado en lo que podíamos denominar “capítulo político”.

Aunque no existiera el chorizo, que existe en abundancia, no hay tanto pan, como expresan algunas pancartas en las manifestaciones “indignadas”.

A esta espeluznante cifra hay que sumar a los funcionarios públicos que ,según también fuentes no oficiales, alcanza la cifra variable entre 2,7 y  3,100 millones de personas.

El asunto viene de lejos y responde a una desviación acomplejada en la confección del Estado tras el franquismo, fuertemente centralizador como corresponde a cualquier dictadura. La necesaria descentralización política conllevó a la creación de un entramado paralelo de instituciones que aún hoy perdura y castiga al presupuesto público ahora que se habla de crisis, pero esa descentralización no supuso el finiquito para algunas instituciones públicas y otras (muchísimas) delegaciones políticas, sino que éstas persistieron y persisten (duplicando presupuestos) amparadas en una cobardía política sin precedentes.

Así nos hemos encontrado con la existencia de las Diputaciones Provinciales con sus respectivos representantes políticos que conviven con la estructura comarcal (33 comarcas en Aragón, por ejemplo), también con sus respectivos representantes políticos y sus nóminas, (algunas de juzgado de guardia si la ética pudiera juzgarse, que debiera) ,  sus dietas, sus tarjetas de crédito, sus teléfonos móviles…. y sus cargos de confianza política distribuidos en el territorio.

Al territorio concreto hay que sumarle también la importante infraestructura (política y funcionarial)  en las diferentes provincias de las delegaciones del gobierno de cada comunidad autónoma que conviven, en muchas ocasiones, con las delegaciones ministeriales del gobierno central. Sumen.

Esta cobardía política para racionalizar el estructura del estado ha llevado, también, a que exista un entramado policial realmente incomprensible: policía, nacional y autonómica, guardia civil y policía local (y no digamos los miles y miles de guardias privados al servicio del estado en ferrocarriles, aeropuertos e innumerables edificios públicos, por ejemplo). La policía local merece capítulo aparte pues su conversión a cuerpo policial al uso (renegando de su función como guardia urbana) ha comportado la dejación de sus principales funciones que son el tráfico y sus consecuencias, lo que podríamos denominar la vigilancia en positivo de la convivencia, la atención al ciudadano, vigilar la aplicación de las Ordenanzas Municipales… y cosas así tan simples, tan importantes para el ciudadano. La delincuencia no es, ni debería ser su cometido y, de otra parte, la serie televisiva “Los hombres de Harrelson”  (que parece ser el espejo de algunos integrantes de ese cuerpo local) ha dejado de emitirse hace ya mucho tiempo. Sigan sumando.

El complejo democratizador llevó también a la creación de un Congreso y un Senado. En principio el concepto del  Senado era el de una Cámara de representación territorial. Pero, ¿qué ha sido? ¿qué es en la actualidad? Un refugio de políticos sin futuro que se cobijan en una institución que no tiene el más mínimo sentido tal como la conocemos ahora. Por cierto el ciudadano debería de exigir la presencia constante de sus representantes en ambas cámaras pues puedo asegurarles que cuándo la televisión no acude, más de 70% de sus señorías están ausentes de sus escaños. No podría decir si esos días han cobrado dietas de desplazamiento desde sus respectivas ciudades, pero sería justo comprobarlo. Eso sí, se les asigna un kit a cada representante del pueblo que asusta y no precisamente por su tamaño, sí por su coste. Por cierto ¿todavía hay saunas, piscinas y gimnasios en las cámaras? Sólo pregunto por aquello de reducir gasto.

El capítulo más descorazonador del gasto público responde al entramado de empresas públicas, mixtas… que conviven paralelamente a la estructura de los propios gobiernos ya sea el estatal, el autonómico, el provincial y el local, que sientan a miles de personas de confianza partidista en unos sillones sin control político y que reciben sueldos muy elevados en comparación con los estipulados en la función pública. Empresas, además, que en innumerables ocasiones se solapan unas a otras y a la estructura política que deberían incluirlas en ella, usando en sus direcciones de gestión a funcionarios y no a cargos de confianza política.

En otro orden de cosas (lo decía al principio de este artículo) ¿por qué el Estado debe de financiar a los partidos políticos, a los sindicatos y a las asociaciones empresariales?. Se dijo en su tiempo que el objetivo de tales subvenciones era consolidar el sistema democrático, el sistema de partidos como producto de la voluntad popular, y los sindicatos y empresarios para consolidar (usemos el mismo verbo) la estructura representativa social. Ya nos hemos consolidado democráticamente ¿para qué seguir con esa financiación irregular?. Los partidos que se financien (tras una regulación severa y equilibrada) a través de sus militancia y los sindicatos y asociaciones empresariales mediante sus asociados. Sumen.

Estamos viviendo un tiempo, además, en el cual el concepto de partido político como vía exclusiva de representación de la voluntad ciudadana, está enormemente deteriorado. Quizá estemos asistiendo a la agonía –previa al fallecimiento- de los partidos políticos como el único cauce de expresión de esa voluntad popular. La sociedad civil camina por derroteros mucho más democráticos (el 15 M, por ejemplo) cobijando diferentes opiniones en grupos menos cerrados, con más libertad de expresión y acción, no encorsetados en la disciplina espartana de los partidos que hoy, por qué no decirlo, se han convertido en  religiones sectarias (cada una con su ciega fe y su biblia) que agrupan –en todos los casos- a fieles militantes negados para el debate plural y defensores a ultranza de sus dudosas y cambiantes ideologías (yo diría, insisto, más bien su religión) , se equivoquen sus dirigentes o no. Vamos, “talibanismo militante”.

Creo que es necesario preguntarse ¿por qué en esta situación de crisis tan profunda (provocada por la aplicación mundial de políticas neoliberales insaciables –ellos- los políticos de todos los signos- le llaman “los mercados”) la clase política de nuestro territorio no reflexiona sobre lo aquí expuesto?. Sería terrible que la respuesta fuera que a nadie interesa porque cualquier pieza que se desgaje del puzzle pactado puede significar su propia desaparición. Y yo, finalmente, apunto: eso sería bueno para la profunda regeneración democrática que este país necesita con una urgencia ya histórica.

Ninguna sociedad puede ser pasiva ante quien la condena al hambre y a la miseria moral y cultural. O las cosas se hacen contando activamente con la opinión y aportaciones de la mayoría de la población, o las cosas se harán por ellas mismas. Lo que ocurre es que el método que puedan utilizar para conseguir sus objetivos es impredecible. La historia está llena de ejemplos.

Juan Ramírez Cueto

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4 respuestas a Cuatrocientos cincuenta mil

  1. Francisco Rodríguez Barragán dijo:

    A mí también me parecen demasiados políticos con nómina y demasiados asalariados de las distintas administraciones, sin que ello represente otra cosa que gasto. Alguien ha dicho, con mala intención; que el número de políticos es igual al de reclusos, setenta y tantos mil.

  2. Luis.L. dijo:

    Magnifico artículo que plantea la realidad pura y dura. Hay que agradecer a El Guadalope que tenga la posibilidad de contar con colaboradores de la categoría de Juan Ramírez Cueto, tanto en sus artículos como en sus poemas. El último párrafo del artículo es sobretodo muy importante para que todos pensemos. Observo ademas que muchas voces criticas con anteriores aportaciones de este autor ahora callan. Enfin, felicidades a El Guadalope porque artículos como este nos hace pensar y ojala colaborar entre todos para que esta situación se soluciones.

  3. Luis dijo:

    Según la prensa de hoy vamos abocados al rescate. Esta poesia identifica a los culpables es un lujo que el Guadalope la haya publicado.

  4. Luis dijo:

    Este articulo, me referia. La poesía Balada Triste del mismo autor, publicada aqui, los vuelve a identificar.. no la encuentro en el Guadalope pero hice un comentario positivo de su mensaje.

Gracias por elegirnos