Arrancan las Fiestas 6º Centenario Compromiso 1412-2012

La Presidenta de Aragón ha sido la encargada de leer el Pregón de las Fiestas del Compromiso 2012 en Caspe

Rudi ha recordado a los nueve hombres que cambiaron la historia de Aragón y ha evocado su espíritu para superar la actual crisis

En el Compromiso de Caspe se halla en germen la moderna Nación Española. Estas han sido las primeras palabras de la Presidenta de Aragón, Luisa Fernanda Rudi, durante la lectura del Pregón del Compromiso 2012 que como año ha tenido lugar en Caspe.

Rudi ha recordado que “hace 600 años la Corona de Aragón se hallaba sumida en una grave crisis. En Caspe se reunieron nueve hombres sabios, prudentes y valerosos, de conciencia proba, buena fama e idóneos, tres en representación del Reino de Aragón, tres del Reino de Valencia y tres del Condado de Barcelona, los tres territorios que conformaban la Corona de Aragón. Todos los Compromisarios se reunirían para elegir por medio de la deliberación y del voto a quien hubiera de ser rey de toda la Corona”.

Por eso, el Compromiso de Caspe ha quedado indeleblemente grabado en la memoria aragonesa como uno de nuestros momentos de mayor esplendor gracias al genio jurídico aragonés, a la predisposición al pacto y al diálogo, al consenso y a la transacción que permitieron salvar ese abismo, solventar una crisis y evitar una guerra.

Durante su Pregón, Rudi ha explicado que “desde la distancia de seis siglos los Compromisarios de Caspe nos envían, con amable insistencia un mensaje de diálogo, dedicación y esperanza en estos momentos de crisis. El mismo espíritu que impregnó aquellas sesiones, el mismo aire de renovación y esperanza debe alcanzarnos para salir de estos momentos de relativa postración”.

PREGÓN DE LAS FIESTAS DEL COMPROMISO 2012

Caspe, 29 de junio de 2012

Quiero que mis primeras palabras desde esta escalinata de la Colegiata de Santa María sean de agradecimiento para todos los vecinos de esta  Ciudad de Caspe, a la que tornó inmortal el acontecimiento que hoy nos convoca, pero también, y de manera muy especial a su Corporación Municipal que tan amablemente me ha invitado a pronunciar el tradicional Pregón de las Fiestas del Compromiso.

Quiero pediros, sin embargo, la licencia de dirigir mis palabras no sólo a los aquí reunidos sino a todo Aragón, a todos los territorios que en su día conformaron la Corona de Aragón y también  a todos los españoles.

La ocasión que hoy celebramos, la ocasión que hoy honramos así lo demanda, pues en el Compromiso de Caspe se halla en germen la moderna Nación Española.

Hace 600 años la Corona de Aragón se hallaba sumida en una grave crisis. Crisis institucional, crisis política, crisis económica y aún crisis moral. Una crisis que afectaba a su propia  alma y que amenazaba con fracturarla para siempre.

En 1410 se produce  la muerte del Rey Martín I sin heredero legítimo y sin que existiera sucesor designado. Todo Aragón se llena de rumores de guerra. Abundan los pretendientes al trono. Comienzan las intrigas, los asesinatos políticos, las traiciones. En Europa, en esas mismas fechas,  ruge todavía la guerra, que por similar problema dinástico había estallado el siglo anterior y que desangró durante 116 años a Francia e Inglaterra.

Ante los territorios de la Corona de Aragón se abre un abismo de ruptura, de enfrentamiento, de sangre y de miseria. Ese abismo será salvado mediante la Concordia de Alcañiz y el Compromiso de Caspe.

La historia de la humanidad está llena de giros inesperados y de hombres y mujeres  apropiados. La historia de la humanidad se juega en momentos decisivos en los que los pueblos se forjan. Antes de la Concordia y el Compromiso todo parecía llevar al conflicto con paso inexorable.

Lo inesperado fue el acuerdo. En Caspe se dieron cita nueve hombres sabios, prudentes y valerosos: “de conciencia proba, buena fama e idóneos”, tres en representación del Reino de Aragón, tres del Reino de Valencia y tres del Condado de Barcelona, los tres territorios que conformaban la Corona de Aragón.

Todos los Compromisarios se reunirían en Caspe  para elegir por medio de la deliberación y del voto a quien hubiera de ser rey de toda la Corona.

De ahí que el Compromiso de Caspe haya quedado indeleblemente grabado en la memoria aragonesa como uno de nuestros  momentos de mayor esplendor gracias al genio jurídico aragonés, a la predisposición al pacto y al diálogo, al consenso y a la transacción que permitieron salvar ese abismo, solventar una crisis y evitar una guerra.

La Historia jamás se detiene y es fecunda en efectos. La entronización de este primer Fernando de Antequera preparó el posterior reinado de su nieto,  Fernando II, el Católico, el más grande de los Reyes de Aragón  y con él, la finalización de la Reconquista y la Reunificación de España y las empresas que habrían de seguir  a ésta: desde el descubrimiento de América y la circunnavegación del globo hasta el florecimiento intelectual y espiritual del Siglo de Oro.

Pero haríamos un mal servicio a nuestra historia y un peor servicio a nosotros mismos si permitiéramos que el Compromiso de Caspe se agotara en un vano ejercicio de nostalgia.

En ocasiones un momento, un instante histórico basta para capturar  la esencia misma de un pueblo. Hoy, el espíritu del Compromiso de Caspe se mantiene incólume. El actual Estatuto de Autonomía de Aragón hace referencia expresa al mismo en su Preámbulo.

Y la Constitución de la que el Estatuto de Autonomía trae causa, es la que quisimos darnos todos los españoles durante la Transición. Un ejemplo de consenso que el Compromiso de Caspe había prefigurado. Otros pueblos encuentran su genio en la  batalla, Aragón en el Pacto que evitó la batalla.

Y ese es el mensaje, esa es la lección que debemos extraer del Compromiso. Que las diferencias deben dirimirse mediante la palabra y no mediante la fuerza.

Hoy en Aragón, en España y en toda  Europa nos enfrentamos a una crisis de enorme magnitud. Una crisis económica que es una crisis institucional, que es una crisis política, que es una crisis moral. Desde la distancia de seis siglos los Compromisarios de Caspe nos envían, con amable insistencia un mensaje de diálogo, dedicación y esperanza. Los pueblos se forjan siempre en momentos decisivos.

Hago votos porque el mismo espíritu que impregnó aquellas sesiones, el mismo aire de renovación y esperanza nos alcance y que sepamos aprovecharlo para salir de estos momentos de relativa postración.

Tenemos la obligación de reformarnos y renovarnos para abrirnos a Europa y al mundo, para ser más eficaces, más competitivos, para volver a dejar nuestra huella en el mundo. Para encontrar la fortaleza que necesitamos para vencer las dificultades.

Estamos en un punto de inflexión de nuestra historia, un punto en el que dos caminos nos aguardan. Uno es el camino del enfrentamiento y el egoísmo, el de la disensión y el vocerío. El del mantenimiento del privilegio, el del alma pequeña y estrecha.

El otro camino, él que nos marca el espíritu del Compromiso de Caspe, nos exige diálogo y voluntad de acuerdo, y también dificultad y sacrificio, pero nos ofrece un futuro de esperanza obtenida por nuestros propios medios. El mensaje de Caspe se mantiene inalterable a pesar de los siglos transcurridos y de las transformaciones que la sociedad ha experimentado.

Esa capacidad y esa voluntad son las que ahora debemos recuperar. Actos como el que hoy celebramos tienen una evidente función cultural e histórica, pero deben servir también a ese alto propósito. El propósito de devolver a Aragón su condición de referencia indispensable en España.

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