España sigue necesitando un Vicente del Bosque

“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada” 

Ayn Rand

Filósofa y escritora estadounidense de origen ruso

La selección española de Fútbol, inscribió su nombre con letras de oro, no solo en las páginas del libro de la historia del deporte mundial, sino en las de la Historia de la Historia. Consiguió una hazaña hasta hora jamás lograda por ningún otro conjunto de hombres en todo el mundo. Doble campeón de Europa y campeón mundial en tres torneos consecutivos en el transcurso de cuatro años. Una proeza que ha hecho que el nombre de España, entre en el mundo de la leyenda deportiva y sea pronunciado con reconocimiento y respeto más allá de nuestras fronteras y con admiración y cariño dentro de casa.

Es curioso comprobar como con su constante buen hacer, esos hombres que en estos últimos cuatro años han defendido en los estadios de fútbol los colores de España, han logrado en el terreno deportivo, devolver la dignidad a un pueblo y a todos y cada uno de nosotros —con independencia de que nos guste el fútbol o no— el orgullo de sentirnos españoles. Y ello en contra de quienes de la forma más ruin, ha intentado inútilmente destruir este noble y legítimo proyecto y prostituirlo en beneficio de sus particulares intereses políticos.

Sin embargo, esos intentos de capitalizar los triunfos de nuestra selección en beneficio de una determinada ideología política, incluso de dividir a los jugadores dentro del vestuario para constituir dos bandos enfrentados dentro del conjunto nacional, han resultado baldíos porque en medio de un mundo donde el bien es difícil de obtener y el mal difícil de evitar, ha habido un hombre sensato que ha sabido parar los golpes, templar los ánimos y con la serenidad que proporciona el buen juicio, hacer comprender a los jugadores que en ese vestuario no había otros colores que los de España; que ninguno de ellos era más importante que otro y solo podrían lograr la gloria constituyendo una piña solidaria, exenta de egoístas individualismos.

Esos hombres que se han ganado el respeto, la admiración y el cariño de propios y extraños, fueron conducidos a la convivencia armónica, no sólo por su necesidad de satisfacer los deseos que no podrían colmar por si mismos, sino también por la natural tendencia a gozar de la compañía de sus semejantes, y practicando la familiaridad y la benevolencia, obtener un objetivo común.

Es así como tanto en ellos como en nosotros, ha nacido el sentimiento de orgullo y satisfacción que se experimenta al sentirnos partícipes de un objetivo común, formando un colectivo íntegro en el que se reconoce la plenitud y la autenticidad que para si mismo desea. Es así como se determina el sentimiento del honor.

Así es como con cada triunfo, suscitaron en nosotros una emoción intensa y con cada título un sentimiento permanente.

Lo que otros intentaban desunir y destruir, ellos lo despertaron con su ejemplo: el respeto y el amor por nuestros símbolos.

Poco a poco los balcones y ventanas de toda España, se fueron cubriendo de banderas españolas, exponentes de un mismo sentimiento.

La emoción de ganar un encuentro es muy intensa, pero efímera; es el complejo conjunto de respuestas producidas por nuestro cerebro ante el estímulo de un triunfo.

El conjunto de una serie continuada de esas emociones, provoca un sentimiento consciente, perdurable, basado en los hechos y es mucho más profundo que el entusiasmo efímero porque sus raíces ahondan en lo más profundo de nuestro ser.

Los sentimientos, son mucho más difíciles de destruir, porque son la evaluación consciente, serena, crítica y ponderada que hacemos de la percepción de los hechos. Y cuando los sentimientos son sanos, el estado anímico se encuentra en equilibrio, funciona de armónicamente y como consecuencia, alcanza la meta propuesta.

Esta felicidad de la que hoy disfrutamos por la gloria alcanzada por nuestra Selección Nacional de Fútbol, nos fruto del azar; es el resultado de un muy bien meditado proyecto, elaborado con inteligencia y desarrollado con esfuerzo, sacrificios, tenacidad, humildad y respeto al adversario.

Siempre nos va mejor en la vida cuando empezamos el edificio desde sus cimientos, dando un paso cada día; la suma de cada paso nos motiva y nos lleva a conseguir el objetivo deseado. Pero para eso solo hay una fórmula, que es la de ser en el hoy, construir en el hoy y vivir en el hoy. Cuando volvamos la vista atrás, contemplaremos la huella del sendero recorrido, y experimentaremos la satisfacción y tranquilidad que proporciona el deber cumplido.

Cuando la Selección española de fútbol ganó el mundial, ya dije metafóricamente que España necesitaba en la Moncloa un Vicente del Bosque. Eran los tiempos del malhadado Zapatero. Hoy está Mariano Rajoy. Entonces Estaba en el poder el Partido socialista; ahora el Partido Popular. Hoy, sigo persistiendo en la misma idea.

España sigue siendo un país sin pulso, que al igual que ayer, seguimos necesitando a un Vicente del Bosque; una persona que irradia confianza e inspira seguridad; un hombre que trabaja con humildad y en el que nunca encontraremos la prepotencia de los políticos que se han adueñado del poder, han secuestrado la democracia y hablan en nombre del pueblo, cuando es al pueblo al que están esquilmando; se llenan la boca de Democracia, cuando en realidad lo que están defendiendo con auténtica fiereza son sus propios intereses a costa de sumirnos, cada uno a su estilo, en la más profunda de las miserias. Necesitamos un Vicente del Bosque, que haga honor a su palabra, que no oculte sus verdaderos proyectos y nos diga medias verdades, porque esas son las peores de las mentiras; necesitamos un Vicente del Bosque que con firmeza plante cara al adversario, corrija sus desmanes y no se ponga de perfil frente a su demagogia. Claro que el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.  Yo no levanto tus alfombras hoy y tu no levantas las mías mañana. Necesitamos un Vicente del Bosque que se empeñe en un proyecto consistente en devolver a España el prestigio perdido y su autoestima a los españoles; necesitamos un Vicente del Bosque que viva para España y no a costa de España, que haga de todos nosotros una Selección Nacional ilusionada y comprometida en un proyecto común que nos conduzca al triunfo colectivo. Pero eso no se consigue pasteleando, blandengueando, ni prometiendo una cosa y haciendo la contraria, ni sacrificando siempre a los mismos, antes de dar ejemplo como lo haría un buen padre de familia.

Pero claro, nos olvidamos que como dijo el Dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht, “Los demócratas burgueses condenan con énfasis los métodos bárbaros de sus vecinos, y sus acusaciones impresionan tanto a sus auditorios, que éstos olvidan que tales métodos se practican también en sus propios países”.

César Valdeolmillos Alonso

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