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Ni estudian, ni quieren trabajar

   /  18/10/2012  /  1 Commentario

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“Que los elefantes sean tan inteligentes y los hombres tan bestias, debe ser debido a una cuestión de educación”

 Alejandro Dumas

Novelista y dramaturgo francés

No es la primera vez que he señalado que la actual situación política y social española, se asemeja en muchos aspectos a la de los años treinta del siglo pasado.

Manejados los hilos por la extrema izquierda, esa izquierda radical y violenta, se vienen multiplicando los desórdenes sociales, para que lo que no se ha conseguido democráticamente en las urnas, se consiga por la fuerza en la calle. Ya sabemos que son auténticos maestros en originar la agitación social. Lo grave de estas prácticas, es que cuando se enciende la mecha, nunca se sabe como, ni cuando, ni donde puede hacer explosión la pólvora.

Uno de los chispazos más recientes se ha producido en Mérida, en el Colegio Salesiano, María Auxiliadora.

Según las noticias difundidas por la mayor parte de los medios de comunicación, ratificadas por el director del centro educativo, don Marco Antonio Romero, una profesora de segundo curso de Primaria del citado Colegio, resultó herida tras el asalto protagonizado por diez jóvenes de 15, 16 y 17 años, que forzaron el acceso al centro educativo para recorrer los pasillos, en plena jornada lectiva, al grito de “dónde están los curas que los vamos a quemar”.

¿Les recuerda a ustedes algo frases como estas?

Los jóvenes intentaron entrar por la fuerza en las clases, donde se encontraban los alumnos del centro, con el objetivo de arrancar los crucifijos, al grito de: “Más educación pública y menos crucifijos”, coreaban a las puertas de las aulas.

¿Les recuerda a ustedes algo consignas de este tenor?

Y yo me pregunto ¿Por qué tanto odio al crucifijo? ¿Porque es el símbolo de todos los valores que la izquierda siempre ha querido destruir sin conseguirlo? ¿Por qué este ataque a un centro educativo salesiano que es una congregación que se ha distinguido siempre por dedicarse a impartir la cultura entre las clases más menesterosas, esas a las que la izquierda dice defender?

No. Esta no es una huelga en la que se defienda la educación. Se ha tomado la educación por bandera para defender unos postulados políticos e ideológicos, dirigida por aquellos que han fracasado en la vida como estudiantes y al parecer, según sus comportamientos, también como personas.

Un trabajador encargado del mantenimiento del centro fue zarandeado y derribado al suelo cuando intentaba impedir que no entrasen por las puertas y varios profesores se vieron forzados ha hacerles frente, recibiendo como respuesta de los asaltantes, amenazas verbales y empujones.

Si era una huelga para defender una mayor calidad de la educación ¿Por qué portaban banderas republicanas y tildaban a los profesores del centro de “putos fascistas”? ¿Por qué arremetieron contra los alumnos del centro, al tiempo que intentaban robar de las clases algunos ordenadores portátiles?

La peor parte se la llevó una profesora, que impidió por todos los medios que accedieran al aula donde estaban dando las clases, acción en la que resultó herida al pillarse los dedos con una puerta que los asaltantes intentaban forzar. Tras acudir posteriormente al Servicio de Urgencias del Hospital de Mérida y con el parte de lesiones en su poder, el director del colegio manifestó a las pocas horas que “estaba estudiando” presentar una denuncia contra los agresores. ¡Estaba estudiando! Lo cual revela que ante el estado de impunidad en el que los violentos se mueven en nuestro país —tal y como ya se ha demostrado en innumerables ocasiones— teme posteriores represalias. Aquí goza de una impunidad manifiesta el que se dedica a atropellar y violentar a las personas pacíficas y respetuosas de la Ley, mientras que el que cumpliendo con su deber, trabaja por sacar a flote a este maltrecho país, se encuentra absolutamente indefenso. Y si estoy equivocado, díganme que significa el hecho de que en su ataque, los jóvenes portaran teléfonos móviles para, según ellos mismos espetaban a los profesores, grabarles si los docentes intentaban sacarles del centro por la fuerza: “Tú tócame, que te grabo y se te cae el pelo porque soy menor”, les decían provocadoramente, según explicaron los testigos presentes.

Al tiempo que la izquierda anarquista y radical organiza estas movilizaciones en España, la Unesco publica su estudio 2012, “Educación para todos”, un informe, que, bajo el título “Jóvenes, competencias y trabajo”, pone el acento en la necesidad del aprovechamiento escolar y la adquisición de conocimientos para poder tener acceso al mercado laboral. Los datos referidos a España ponen de manifiesto que después de Malta y Portugal, España es el país de Europa con mayor tasa de fracaso escolar, lo que evidencia la necesidad de la modificación de la Ley de Educación, que es realmente por lo que se está movilizando la izquierda.

Adquiere una fundamental importancia este informe, no solamente por los reveladores datos que pone de manifiesto y que nos sitúan entre los furgones de cola del tren de la educación en Europa, sino por el toque de atención a la responsabilidad colectiva que tienen los fundamentos que en el mismo se ponen de relieve.

La media europea de alumnos entre 15 y 24 años que abandonan sus estudios  antes de acabar la Secundaria, es de uno de cada cinco. ¿Cómo podremos progresar si la media de alumnos que abandonan sus estudios en España antes de acabar la secundaria, esta establecida en uno de cada tres? La tercera parte de la población escolar española, es posible que sepa leer y escribir, pero ni entienden lo que leen —si es que leen— ni saben lo que escriben, por supuesto a través del chateo en el móvil. Por tanto, serán prácticamente analfabetos.

Naturalmente, el informe tiene muy presente la dramática tasa de desempleo juvenil que existe en España.

En vez de ignorar esta triste realidad y dedicarse a promover manifestaciones y huelgas ideológicas tomando como pretexto cualquier medida que se tome en contra de los fracasados planes educativos promovidos por la izquierda, mejor haría esta en pensar que el futuro de no pocos de estos jóvenes, que ni estudian, ni quieren trabajar —pero sí quieren recibirlo todo del Estado—depende directamente del presente que están viviendo.

A pesar de estos hechos y comportamientos, cualquiera que conozca la historia de España podrá apreciar rápidamente que el español, es un pueblo noble, hidalgo, sacrificado y generoso. Emulando el pensamiento de Víctor Hugo, no encontraremos en el suelo patrio, malas hierbas, ni hombres malos; sólo hemos tenido la desgracia de tener malos cultivadores.

César Valdeolmillos Alonso

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