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El costo y el valor

   /  19/12/2012  /  1 Commentario

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César Valdeolmillos Alonso“Quien cambia felicidad por dinero

no podrá cambiar dinero por felicidad”

José Narosky

Escritor argentino

En cierta ocasión, una persona a la que le estaban hablando de dignidad, esta, por toda respuesta preguntó: “Y eso… ¿para qué sirve?”.

Evidentemente, esta era una de esas muchas personas escépticas que desconoce la importancia de los valores o que incluso niega su existencia, arguyendo que son una simple creación de nuestra febril fantasía.

Ciertamente, los valores no son algo tangible que podamos ver o tocar, pero tampoco podemos contemplar o trasladar el calor el calor de nuestro cuerpo a la ansiedad, el amor, la felicidad o la tristeza y sin embargo percibimos, gozamos o sufrimos con sus efectos. Luego es innegable que existe un universo intangible que transpone con mucho nuestra realidad  material, y su presencia constituye el eje medular de la esencia y desarrollo de una sociedad.

Sin embargo, nos vemos inmersos en las antípodas de ese universo espiritual. La realidad que nos rodea, en una gran mayoría, está dominada e impelida por un materialismo ferozmente competitivo, en el que ya no es suficiente ser el mejor. En ese mundo sin alma, es preciso alcanzar la excepcionalidad porque su única razón de ser, es rendir tributo al becerro de oro. No hemos de extrañarnos pues, de que haya quienes entronicen al dinero y al poder en el templo del tan manoseado y demagógicamente denominado, “Estado de bienestar” y en él lo adoren como el valor supremo de sus vidas.

Que tosco error divinizar los bienes materiales —tantas veces innecesarios— el lujo e incluso el obsceno despilfarro y someter a estos, todos aquellos principios por los que debe regirse una sociedad justa y equilibrada. En cualquier caso, digamos que es imposible la existencia de un estado de bienestar, en ausencia de esos preceptos o principios, no inscritos en ninguna Ley, pero por los que es necesario regirnos, si queremos progresar en el seno de una sociedad mejor.

La ausencia de estos pilares en la consciencia de un sector social dominante, se pone de manifiesto cuando este toma decisiones “aquí y ahora” o “como sea”; cuando todo vale; cuando el fin justifica los medios; cuando el interés particular o de un colectivo concreto prima sobre el interés de la sociedad; cuando la ocultación, el disimulo, el engaño y la mentira son moneda de cambio diaria o cuando para unas determinadas castas privilegiadas, las actividades delictivas se silencian o quedan impunes. Es entonces cuando se contamina y corrompe ese organismo vivo que es un país y las consecuencias, suelen traer consigo el desmembramiento y desplome de lo que fue una sociedad floreciente, convirtiendo el camino que fue del desarrollo y el progreso, en la reseca tierra que únicamente da como frutos, el retroceso, la desesperanza y la miseria.

Sin embargo y por azarosas que puedan ser las circunstancias en las que nos veamos inmersos, si queremos superarlas —y claro que queremos porque el ser humano aspira siempre a la felicidad— no podemos permitirnos caer en el pozo del abandono a que indefectiblemente conduce la pasividad.

Sin embargo esto sólo será posible si, haciendo acopio de toda nuestra fuerza interior, somos capaces de enfrentar la vida con una mirada positiva y que de este modo, nuestro intelecto, pueda servirnos para que sepamos aislar el grano de la paja.

Ya sé que esta actitud no es fácil de adoptar desde el hundimiento moral que produce el hecho de estar pagando las consecuencias, a veces muy cruelmente, de los desafueros —cuando no delitos— cometidos impunemente por aquellos a quienes les otorgamos nuestra confianza para que trabajasen por el bien común.

Pero pensemos que todo lo que existe “existe por algo y para algo”. En nuestro mundo no hay lugar para la nada, porque la nada es la ausencia de todo. Por tanto, si nosotros somos y estamos, es por y con un fin: el de caminar en busca del bien que nos proporciona la felicidad, la paz, el sosiego, el deseo de perfeccionamiento, en suma el bien.

Precisamente, por nuestro propio bien, necesitamos recuperar los valores que están en juego y hacer de ellos la bandera de actuación en contra de quienes los ignoran y los pisotean, porque los valores son aquello que hace que las cosas por las que luchamos, sean buenas; que por ser buenas las apreciemos y por ello sean dignas de nuestra atención y deseo.

Solo recuperando los valores perdidos, lograremos que el poder sirva  a los ciudadanos y no que los ciudadanos — como pasa ahora— sirvan al poder; solo entonces seremos capaces de renunciar a una pequeña parte de nuestro bienestar, para proporcionar un minuto de felicidad a los demás; solo entonces seremos capaces de callar, para poder escuchar; solo entonces seremos capaces de renunciar al yo, para dar cabida al tú.

La adopción y observancia de una escala de valores, es lo que otorga una talla moral a una persona, a una sociedad y a una nación, porque la solvencia y la categoría moral de los mismos, dependerá sin duda de la “escala moral” que hayan asumido y aplicado al proyecto común de la sociedad.

Las clases dirigentes parece que han olvidado algo muy importante y es que todo en esta vida tiene un costo y un valor. Lamentablemente, una gran mayoría de nuestra sociedad, evalúa su estado de satisfacción, en función de los bienes materiales que pueda poseer, sin darse que estos nunca proporcionan la felicidad. Por el contrario, cuanto más se tiene, mayor es la inquietud y el desasosiego que nos invade, a causa del temor a perderlo. Y sin embargo, somos tan miopes que por esta fuente de comezón permanente, sacrificamos la estabilidad del hogar, la sonrisa de un niño, la complicidad de una mirada o el calor de una caricia.

Que incalculable precio pagamos por un coche de último modelo, un móvil de tercera o cuarta generación, viajes, cenas o estar dentro de la onda.

No sabemos distinguir entre el costo material de una cosa y el valor moral que representa.

Y es que como decía el presidente John Fitzgerald Kennedy, “La grandeza de un hombre, está en relación directa a la evidencia de su fuerza moral”.

César Valdeolmillos Alonso

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1 Commentario

  1. Alfonso Noriega y Frnández dice:

    Amigos:
    Rubrico y hago míos los conceptos manifestados por Dn.César Valdeolmillos Alonso,en su disertación sobre “El Costo y el Valor”.-
    Cordialmente, Alfonso Noriega y Fernández

Gracias por elegirnos

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