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El Compromiso de Caspe: Los Parlamentos de Alcañiz y Tortosa. Sus dificultades

   /  08/02/2013  /  Comentar

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Colegiata Santa María la Mayor de AlcañizLas reuniones comenzaron a efectuarse en el solemne marco de la Colegiata Santa María la Mayor, de Alcañiz

Todo el que entraba en Alcañiz debia rendir pleito homenaje a los presidentes del Parlamento y acatar sin discusión las órdenes dictadas

El Parlamento general de Cataluña se reunía en Tortosa, bajo la presión de las veladas amenazas del conde de Urgel

El panorama era demasiado turbio y amenazador. A las mismas disensiones de jurisdicción entre los Parlamentos y la violenta escisión del valenciano, había que añadir la despiadada violencia de don Antonio de Luna y los suyos

 El Compromiso de Caspe

IV.- LOS PARLAMENTOS DE ALCAÑIZ Y TORTOSA. SUS DIFICULTADES

Retrocedemos ahora desde la cruenta y trascendental batalla de Murviedro acaecida a finales de febrero de 1412, hasta situarnos en el fracasado final del Parlamento aragonés de Calatayud (31-V-1411), debido a la obstrucción del obispo de Tarazona, y al que siguió inmediatamente el alevoso asesinato del Arzobispo de Zaragoza

Villa de AlcañizEn la mente y deseo de casi todos estaba el prorrogar la Congregación en la villa de Alcañiz. Pero, por una parte los ocho diputados del reino, como legales procuradores de Aragón; por otra los nueve representantes -reducidos a ocho, después de muerto el Arzobispo- nombrados por el extinguido Parlamento de Calatayud para el cumplimientode las resoluciones tomadas, y, finalmente, el Gobernador y el Justicia de Aragón, como principales ministros del rey, se disputaban con celoso criterio la jurisdicción de convocar y presidir la nueva asamblea.

Además, dada la impetuosa racha de violencias provocada en tierras de Zaragoza por el sacrílego asesinato de don García, se sentía un franco y general temor en dejar abandonada la capital y cobijar tan importantes deliberaciones en una pequeña y desguarnecida villa, fácil presa de cualquier mesnada banderiza.

Pero, entre tanta incertidumbre y confusión, tres excelentes y singulares varones, arrastrados por su fervoroso propósito de llevar las cosas por el camino del derecho: el Gobernador de Justicia y el incansable Berenguer de Bardaji, resolvieron por fin, citar a los otros cinco representantes elegidos en Calatayud para llegar a un acuerdo. Y como ninguno de ellos acudiese a Zaragoza, en la fecha de agosto señalada, tomaron por su cuenta la decisión de convocar el Parlamento de Alcañiz para principios de septiembre. Convocaron en forma a los prelados, personas eclesiásticas, ricos hombres, mesnaderos caballeros, hijodalgos, ciudades, villas, y lugares del reino excluyendo solamente por ser partes interesadas en la sucesión, a don Alfonso, duque de Gandía y al pequeño don Fadrique así como a los caballeros que habían sido excomulgados por el asesinato del Arzobispo. En este llamamiento hacían patente que, aunque no acudiesen todos los representantes legales, se procedería igualmente a los oportunos acuerdos para determinar en derecho la sucesión.

Como se temía, fueron muchos los nobles que no acudieron a la llamada, arrastrados a los lugares de combate por el guerrero torbellino, especialmente al sitio del fuerte del castillo de Albarracín, bajo el mando del impulsivo y valiente capitán Fernández de Heredia, sobrino del Arzobispo. Por el estado eclesiástico fueron también muy pocas las personalidades que asistieron, hasta el punto de tener que recurrir la congregación al Papa Luna para que intercediese ante los prelados; como así lo hizo, destacando entre los que se presentaron don Domingo Ram, obispo de Huesca.

Colegiata AlcañizLas reuniones comenzaron a efectuarse en el solemne marco de la Colegiata de Santa María la Mayor, de Alcañiz. La impresionante sesión inaugural tuvo lugar el 10 de septiembre de 1411, oficiando la misa el abad de Santa Fé, y a continuación del sermón prestaron todos los parlamentarios solemne voto público, invocando a Dios para que les infundiese nuevo espíritu y sabiduría a fin de tan arduo problema sucesorio, lo que había de redundar en el mejor servicio del Señor y aumento de la fé católica.

Para guardar la seguridad de los caminos que conducían a Alcañiz, e incluso a Tortosa, en medio de la anarquía guerrera de los que preferían el hierro de las lanzas al de la balanza justiciera, se dispuso el oportuno reclutamiento de gentes de armas y se ordenó a los lugares de Fuentes, Pina, Quinto, Velilla, Gelsa, Matamala, La Zaida, Sastago, Escatrón, Cinco Olivas y Romana, que guardasen sus términos y patrullasen en prevención por los caminos.

Castillo Alcañiz PinturaTodo el que entraba en Alcañiz debia rendir pleito homenaje a los presidentes del Parlamento y acatar sin discusión las órdenes dictadas. El fuerte castillo, como centinela y reducto de la seguridad de todos, fue reciamente guarnecido con excelente gente de armas, al mando de don Guillen Ramón Alamán de Cervellón, comendador mayor de Alcañiz, y del caballero don Juan de Luna. La minuciosa guardia se hacia por caballeros y ciudadanos de Zaragoza y otras ciudades que asistían a las deliberaciones, con tanta estrechez como si la villa estuviera cercada por un poderoso ejercito enemigo.

Mientras tanto, el Parlamento general de Cataluña se reunía en Tortosa, bajo la presión de las veladas amenazas del conde de Urgel, y sintiendo también la poco animadora ausencia de nobles y prelados. Tras insistir repetidamente en su llamamiento a caballeros y barones, tuvo que recurrir, igual que Alcañiz, al paternal amparo de Benedicto XIII; para que con su autoridad hiciese comparecer a los prelados, no muy convencidos en gran parte, de que el derecho y la buena voluntad sirvieran para algo en aquel caos de egoísmos y violencias.

Aquellos decididos parlamentarios catalanes, que fueron los primeros en reunir su Congregación en la villa de Montblanc, cuando aun doblaban fúnebremente las campanas por la muerte de Martín I, debieron recibir un buen consuelo con las cartas de Alcañiz y Trahiguera, comunicándoles que los Parlamentos de Aragón y Valencia comenzaban a funcionar.

Pero, hablando de Valencia, no quiere decir lo anterior que la irreductible oposición entre Trahiguera y Vinaroz hubiese cesado, pues ni las mismas exhortaciones del Papa pudieron conseguir cierta concordia hasta el último momento. En lo único que coincidieron siempre fue en suspirar por la vuelta del maestro Vicente Ferrer, que por aquel entonces se hallaba en tierras de Castilla.

Aunque los Parlamentos de Alcañiz y Tortosa iban adquiriendo un gran prestigio y estaban apoyados por las buenas gentes de paz, que incluso se sentían importantes al colaborar, en el nombramiento de un rey; aunque llegaron, con sensata madurez cultural, al que más parece el moderno concepto de intercambiar observadores, es decir, permutar personalidades de una congregación por las de otra para completarse en las deliberaciones; a pesar de toda esta labor, el apuntar de una solución concreta estaba lejano.

El panorama era turbio y amenazador. A las mismas disensiones de jurisdicción entre los Parlamentos y la violenta escisión del valenciano, había que añadir la despiadada violencia de don Antonio de Luna y los suyos -nada arrepentidos de su crimen brutal-, que por entonces cargaban con gran mortandad por la comarca de Ejea, y la no menor dureza combativa de su inexorable enemigo él de Heredia, que por el mismo tiempo tomaba a cuchillo el castillo de Albarracín y penetraba con sus gentes por el reino de Valencia en dirección a Morella.

Por si fuera poco -y aún no terminamos- el conde de Urgel, con la socorrida excusa de arrojar a las tropas extranjeras de Castilla, tomaba por las bravas el titulo de Gobernador y Lugarteníente general del rey, para usarlo en su beneficio particular y oponerse especialmente al Parlamento de Alcañiz, que presentía no muy conforme con sus soberbios métodos.

Patio Castillo AlcañizAnte esto, deliberaron y aprobaron inmediatamente los aragoneses que no podía el de Urgel, al mismo tiempo, ser parte en la sucesión y lugarteniente, ya que, ademas, habiendo muerto el rey desaparecía el mandato. Tampoco tenia derecho a usar el oficio de Gobernador general, que sólo correspondía al primogénito de un rey mayor de catorce años. Por lo tanto, el Parlamento de Alcañiz, delante de los oficiales del rey que lo presidían, interpuso al de Urgel demanda criminal por usurpación de oficios y proveyó juntar las gentes de armas necesarias para defender los fueros y libertades de Aragón. Complementariamente dio poder a varios capitanes, entre ellos al comendador de Alcañiz, para que con todas sus fuerzas se mostrasen parte contra el conde, por usurpador.

Ayuntamiento AlcañizY aún más complicaciones. Don Antonio de Luna, que a su indudable arrojo y falta de escrúpulos debia unir notable y retorcida habilidad política, dio en el recurso de imitar la escisión Valenciana. Para llevar a cabo esta contraofensiva política se unió el castellán de Amposta -que, como él, era uno de los ocho diputados de aquel año- y que con don Artal de Alagón, conviniendo en convocar y presidir, como tales diputados, un nuevo Parlamento, que establecieron en la villa de Mequinenza, pues tanto ellos como el obispo de Tarazona -ahora prisionero del Justicia- habian impugnado la decisión de Calatayud de prorrogar la congregación a la villa turolense. Se callaron, claro es, que allí también se había dicho que los diputados del reino no podían convocar y reunir los Parlamentos y mucho menos siendo declaradamente partidistas

Reunidos, pues, en Mequinenza un corto, pero brioso y osado numero de caballeros, como congregación general de Aragón, y después de poner guarniciones en los castillos de Aitona, Serós, Zaidi y otros lugares de la comarca. empezaron sus traviesas y avispadas deliberaciones. Comenzaron por estudiar y redactar un mensaje, que fue enviado a Tortosa, afirmando que Mequinenza y no Alcañiz era el legitimo Parlamento de Aragón.

Con reposada prudencia catalana fueron los de Tortosa demorando la respuesta; pero Alcañiz, para salir rápidamente al paso de tan habilidosa maniobra -que enseguida arrastró a cierto número de caballeros y procuradores indecisos de las villas-, no perdió un segundo en intentar deshacer la perturbadora confusión, haciendo ver a todos que el Parlamento de Alcañiz se había constituido legalmente en nombre del reino, del Gobernador y del Justicia de Aragón, con clara jurisdicción y preeminencia real.

Luis Ignacio Tapia Catalán

Capitulos anteriores:

III.- LA BATALLA DE MURVIEDRO

II.-  ASESINATO DEL ARZOBISPO DE ZARAGOZA

I.-    LA INCERTIDUMBRE DE MARTÍN I

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