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Pregonan vino y venden vinagre

   /  23/04/2013  /  2 Commentarios

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César Valdeolmillos Alonso“Cuando el gobierno ve a un ecologista jugarse la vida por un huevo de halcón, ve en él un héroe, y cuando ve a un pro-vida en la puerta de una clínica abortista, ve en él a un fanático”

Jesús Poveda

Cuando tuve noticia del apoyo que el PSOE prestaba al PP en la Comisión de Medio Ambiente del Congreso de los Diputados, para la aprobación de la modificación de la Ley para el cuidado de los animales, inmediatamente me vino a la memoria un episodio, ya histórico, que se produjo en Madrid en 1940. Los hechos no son demasiado conocidos y para las víctimas de la LOGSE, imagino que absolutamente inéditos.

En 1940, se jugaba una partida de ajedrez entre España y Alemania. Los germanos querían que participásemos a su lado, en la II Guerra Mundial. Franco, no tenía la menor intención de participar en el conflicto bélico, primero porque recién terminada nuestra guerra civil, el país no estaba en condiciones de sumergirse en otro conflicto que con toda probabilidad habría de destruirnos totalmente y por otra parte, el dictador—que intuía el triunfo de los aliados—aspiraba a hacer valer su neutralidad para que el mundo reconociera el régimen por él impuesto en España.

Sin embargo y como Alemania había ayudado a Franco en nuestra contienda interna, este estaba obligado a no desairar al dictador nazi. Así que como buen gallego, no se negaba a las pretensiones de Hitler, pero le pedía aquello que sabía que el alemán no le podía dar.

En este cortejo por parte del teutón hacia el gallego, se produjo en 1940 la visita a España de su Reichsführer, Heinrich Himmler.

Para apreciar claramente la contradicción que encierra y la perplejidad que produce el apoyo del PSOE al PP para la aprobación de la modificación de la Ley para el cuidado de los animales, conviene dejar bien claro quien fue Heinrich Himmler, sujeto del que casi me atrevería a decir sin miedo a equivocarme, que fue uno de los mayores monstruos que ha conocido la humanidad. Un infame personaje de la Historia, lugarteniente de Hitler, fundador, organizador y jefe de las SS alemanas y “alma mater” del Holocausto nazi que acabó con la vida de millones de personas, mediante la matanza metódica y sistemática de judíos, negros, polacos, gitanos, homosexuales, comunistas, testigos de Jehová, enfermos mentales, jesuitas y ancianos entre otros, muchos de los cuales fueron usados como cobayas humanos en experimentos científicos en la obsesión de depurar y perfeccionar la raza aria. Una obsesión xenófoba, muy semejante a la que demuestran poseer quienes afirman distinguirse por medio de un presunto factor sanguíneo Rh diferenciado.

Contra sus adversarios o aquellos que Himler consideraba enemigos del Estado, aplicaba las más radicales y brutales decisiones que estuviesen en su mano. Sus secuaces liquidaron a un rival suyo a hachazos y su máxima era: “La mejor arma política es el terror. La crueldad impone respeto; los hombres podrán odiarnos, pero no queremos su cariño, sólo queremos su miedo”.

Bueno, pues esta joya de delicadeza y sensibilidad, visitó España en el año 1940 y fue agasajado por el Régimen Franquista con todos los honores. Entre las visitas programadas, figuraba su asistencia a una corrida de toros en la Plaza de las Ventas en Madrid, en cuyo palco se encontraba este tortuoso y macabro personaje, en una corrida en la que participaron los diestros Marcial Lalanda, Gallito y Pepe Luis Vázquez.

Como es natural, sonaron los acordes del himno alemán, el de la Falange y el español. La jornada fue lluviosa y la fiesta tuvo que suspenderse por las inclemencias meteorológicas. Lo más curioso y paradójico del asunto, es que esta persona que tiene en su haber el haber dado la orden de asesinar a millones y millones de personas, salió horrorizado del espectáculo sangriento que se le infringía a los toros y sufrió un desmayo por tal motivo, por lo que tuvo que ser atendido por los servicios médicos.

Tras el relato de estos hechos que son auténticos, cabe preguntarse ¿Qué clase de seres somos los humanos, que hasta ese extremo nos puede afectar el dolor de un animal y sin embargo, con la mayor premeditación y frialdad, somos capaces de despedazar a un indefenso inocente en el interior de nuestras entrañas?

Como citaba al principio, en la Comisión de Medio Ambiente del Congreso de los Diputados, PSOE, UPyD y PNV, apoyaron al PP el pasado día 17, en la aprobación de la modificación de la Ley para el cuidado de los animales, destinada a proteger a “determinadas formas fetales de mamíferos” y a los invertebrados, tales como los cefalópodos, una vez se haya demostrado su capacidad para experimentar dolor, sufrimiento, angustia y daño duradero.

Es decir, que mientras el PSOE, defiende el aborto, el asesinato, porque no otra cosa considero que es el despedazamiento de seres humanos en el interior de esa madre que le dio la vida, protege los fetos de “determinados animales”. Pero, tristemente, eso no debe sorprendernos. Al fin y al cabo, las propias contradicciones del partido socialista, son el más fiel reflejo de su esencia y su forma de actuar, a falta de un programa de futuro para la sociedad española.

De modo que admitimos que el feto de un animal puede sufrir y por electoralismo, por egoísmo, por sectarismo y por anticlericalismo, ¿Negamos ese mismo dolor al feto de un ser humano?

Solo podemos entender este proceder a la luz de la cita del dramaturgo Antonio Gala que dice que: “Nada es tan perverso y tan pervertidor como la hipocresía. No solo porque pregona vino y vende vinagre, sino porque no se apoya en la realidad: se apoya en una farsa de ella, con la que trata de hacerla más digerible a estómagos que se ocupó de enfermar previamente”

César Valdeolmillos Alonso

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2 Commentarios

  1. Francisco Rodríguez Barragán dice:

    De acuerdo. Estamos en la misma línea. La gran aberración de convertir el aborto en un derecho mientras se defienden los derechos de los animales es monsttruoso.
    Un abrazo, Paco

  2. César Valdeolmillos Alonso dice:

    Desgraciadamente y como demuestran los partidarios de la cultura de la muerte, de nuestra sociedad se ha adueñado el egoísmo más irracional y desenfrenado. Quizá los que así opinan y obran en consecuencia, no se dan cuenta de que si sus madres hubiesen pensado del mismo modo, ellos hoy no existirían.

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