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Creer o no creer, esa es la cuestión

   /  15/08/2013  /  Comentar

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Francisco Rodriguez Barragan y Luis Ignacio Tapia Catalán en GranadaHay gente que dice que cree en Dios, otros dicen que no creen que exista, otros ni se lo plantean. De los que dicen que creen, a muchos no se les nota que ello signifique algo serio e importante en sus vidas. De los que dicen que no creen, unos luchan por convencer a los demás de su inexistencia, aunque no es fácil comprender el tesón que ponen en su ateísmo, en buscar razones para negarlo y propagarlas. Los que ni siquiera se lo plantean, viven el sin sentido de preferir el bien al mal o la verdad a la mentira, sin tener nada en que apoyar su propia razón.

Nuestra razón es suficiente para descubrir que algo tan grande como el universo, tan maravilloso y complicado como la vida, la tendencia de todo lo creado a ser de mejor manera, exigen un punto de partida fuera del universo y del tiempo, de Alguien capaz de llamar a la existencia a toda la creación, una creación que el hombre comprueba está hecha con número, peso y medida, con sabiduría inabarcable.

Este Alguien existente en sí mismo ─ yo soy el que soy ─ en quien vivimos, nos movemos y existimos, creó al hombre a su imagen: dotado de inteligencia, dotado de razón y semejante a Él por su capacidad de amar. La creación del hombre es un acto del amor de Dios que espera ser correspondido.

Pero la relación amorosa de Dios con los hombres no podríamos conocerla si Él mismo no nos la hubiera manifestado. Amor de Dios que va más allá de la rebeldía del hombre que creyó poder ser como Dios e introdujo en nuestro mundo el mal, el dolor, el sufrimiento y la muerte. Es curioso que los que dicen no creer en la existencia de Dios, tampoco expliquen la terrible presencia del mal en el mundo.

Creer que Dios ha hablado a los hombres y prometido salvarnos del mal, forma parte del contenido de la fe. La fe no es el resultado de ningún esfuerzo humano, sino un don, un regalo, del mismo Dios que lo ofrece muchas veces a lo largo de nuestra vida y que podemos acoger o rechazar. Dios quiere establecer con cada uno de nosotros lazos de amor, lazos de salvación, pero Dios que te creó sin ti no te salvará sin ti. La paciencia de Dios es nuestra salvación dice una carta de San Pedro, pero si alguno se condena es porque se empeñó en condenarse.

Si creemos que Dios se nos ha revelado, lo que nos haya dicho a lo largo del tiempo y por último a través de Jesucristo, su Hijo, muerto y resucitado por nosotros, adquiere una enorme importancia y trascendencia. Amar a Dios sobre todas las cosas no es un simple consejo sino una necesidad vital. Muchos de los que lo recitan cada domingo no parece que se lo tomen en serio, su vida no es radicalmente diferente de los que no creen.

Si Dios es la verdad, es esta verdad la luz definitiva para orientar nuestra vida. Todo lo demás hay que examinarlo a esta luz. Jesús nos mostró al Padre que nos ama y nos dijo que Él es el camino, la verdad y la vida y nos invitó a seguirle sin excusas, sin demoras, amando a nuestros prójimos como a nosotros mismos.

Creer o no creer, esa es la cuestión. Pero creer de verdad.

Francisco Rodríguez Barragán

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