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La primera tarea que tenemos hoy, es romper la creencia de que el neoliberalismo es un régimen natural

   /  08/06/2015  /  Comentar

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Cándido Marquesán MillánLos muy positivos resultados para Podemos en las elecciones del 24-M, en solitario  en las autonómicas y en diferentes plataformas en las municipales, que pueden suponer una tendencia  de incremento en las próximas elecciones generales, las realmente importantes, ha significado la puesta en funcionamiento por parte de las élites políticas y económicas de toda una máquina mediática para tratar de desactivar tal posibilidad. De lo que se trata es de sembrar la idea de que la llegada al poder de las huestes de Pablo Iglesias supondrá un gravísimo e irreparable daño para la ya iniciada, según ellos, consolidación de la “recuperación económica”, que está creando ya a raudales puestos, y también para nuestro ejemplar y exportable sistema democrático.

Para la consecución de estos objetivos, el de deslegitimar a Podemos, son  tan importantes las formas, las palabras; como el fondo, los contenidos de los discursos elaborados. En cuanto a las primeras se usa y abusa de toda una batería de epítetos, a cual de ellos más deleznable: bolivarianos, populistas, radicales, extrema izquierda, entre otros. Vocablos que han sido asumidos por una parte importante de la sociedad española, sin saber cuál es su verdadero significado. Circunstancia que he constatado personalmente en contacto con la gente en la calle. Como señala Juan Carlos Monedero en su libro El gobierno de las palabras. Política para tiempos de confusión desde los poderes establecidos las palabras nos han sido hurtadas, los significados han sido violentados, los discursos han sido encanallados; y desde determinados  Think tanks  que además aparecen recubiertos con el disfraz de honorabilidad, debido al prestigio que siempre rodea al saber. En definitiva, relatos al servicio de modelos que sirven para la reproducción del marco existente, para la creación de una actitud conformista, herramienta de intereses particulares presentados como intereses generales e “instrumento de la mentira de Estado y del control de las opiniones”. Ese es el principal estigma de nuestra época. Nunca fue tan eficiente el gobierno de las palabras.  En definitiva, un increíble atraco al imaginario. Dice bien Emilio Lledó, “si nos acostumbramos a ser inconformistas con las palabras acabaremos siendo inconformistas con los hechos”.  Me detengo, aunque sea brevemente en los vocablos anteriormente mencionados. A las políticas futuras de Podemos las denominan de radicales, ultrarrevolucionarias, extrema izquierda y radicales. Y esas palabras van calando como el agua fina en las mentalidades colectivas. Circunstancia que es sorprendente, ya que las políticas  anunciadas por Ada Colau, Manuela Carmena o Pedro Santisteve son políticas de auténtica emergencia social, para proteger a los más desfavorecidos, como evitar los desahucios, los cortes de luz; o garantizar una sanidad pública o una comida diaria a muchos niños: o revisar las concesiones de servicios públicos a empresas privadas. Pablo Echenique, aspirante a la presidencia del gobierno de Aragón, ha puesto encima de la mesa para empezar a negociar: desarrollo de la ley de la dependencia, la renta de inserción mínima, una ley contra la despoblación en el mundo rural.  Pensemos un poco si estas políticas son radicales. Evidentemente que no. Mas el uso continúo de determinadas palabras al final producen los efectos buscados.

En cuanto a los contenidos quiero fijarme en dos artículos recientes de Mariano Guindal aparecidos en un prestigioso periódico de tirada nacional. El primero titulado Seis meses de prueba. Lo fundamental radica en que las nuevas fuerzas políticas surgidas del 24-M “Tienen seis meses de prueba para demostrar que su presencia en las instituciones será beneficiosa para la sociedad. De lo contrario, en las próximas elecciones generales se producirá un vuelco electoral a favor de las opciones conservadoras, especialmente del PP de Rajoy.” Realmente es impresionante tal juicio. En seis meses tienen que resolver lo que no han sido capaces de hacer los gobiernos sucesivos de ZP y Mariano Rajoy en años. Prosigue el ínclito Guindal, asesor de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), “La llegada de estas nuevas fuerzas han alarmado al mundo empresarial y a buena parte de la ciudadanía; al haberse cuestionado las grandes operaciones inmobiliarias en Madrid  y la continuidad de los grandes proyectos en Barcelona”. El ministro de Economía, Luis de Guindos, está muy preocupado, ya que puede malograr el crecimiento del PIB. Nadie va a invertir hasta después de las generales, ante la inseguridad, dice en privado un destacado ministro. Moodys ha alertado sobre el nuevo panorama político. Inquietan las posibles auditorías ciudadanas. Una posible política anti-austeridad provocaría una subida fuerte de la prima de riesgo.  Las élites económicas están muy preocupadas porque el PSOE se deje arrastrar por el populismo con inserción social”. Estas son las ideas fundamentales. La pretensión es clara, sembrar miedo.

Por si no fuera ya bastante, la semana siguiente Mariano Guindal vuelve a la carga con otro artículo no menos dramático en cuanto a las secuelas negativas, titulado Peligros latentes, y subtitulado Aumenta el temor a que se de marcha atrás en reformas y medidas cruciales para la recuperación. En concreto se refiere a la modificación de la actual reforma laboral, a la reforma de las pensiones, y a que se pueda aflojar el control del gasto público. No me resisto a reflejar las palabras referidas al tema de las pensiones, que no tienen desperdicio: “Todas las medidas que pongan en duda la futura sostenibilidad de las pensiones son recibidas por los mercados como una auténtica bomba de relojería. La razón es evidente, ningún inversor querrá prestar dinero a largo plazo, o lo hará a unos tipos de interés muy altos, a  un país cuyos futuros gobiernos tendrán que decidir entre pagar a los acreedores o las pensionistas”. Sin comentarios. Son palabras mendaces, escritas ad hoc.

En definitiva, cualquier método es válido, para cercenar cualquier posible alternativa al modelo neoliberal vigente. Ese ha sido el gran éxito hasta ahora del neoliberalismo, el destruir la posibilidad de pensar la alternativa.

Quiero terminar con unas palabras pronunciadas recientemente por el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, en una conferencia impartida en el Espace Niemeyer (Coupule) en Francia, que me parecen muy apropiadas como advertencia:

“Todos tenemos un sentido de pertenencia, los pobres, obreros, marginales, mujeres y los indígenas, todos fundan un sentido de pertenencia social, pero lo que falta es un sentido de destino, el ¿hacia dónde vamos?, sin un sentido del destino no hay alternativa viable de poder. No olvidemos que la gente, por lo general, no lucha porque es pobre o sufre agresiones, la gente ha de luchar si sabe que existe una opción viable a su sufrimiento, si sabe que hay una opción viable a su pobreza o a la lucha contra la discriminación. Sin una alternativa, la lucha se derrumba; la sola explotación no conduce a la emancipación, la confianza y la esperanza en una alternativa y en un futuro viable hace del subalterno y del explotado un sujeto en lucha y en búsqueda de una emancipación. Y la primera tarea común que tenemos las izquierdas, los revolucionarios, los socialistas, los comunistas, los libertarios y los indianistas es salir del neoliberalismo. La primera tarea que tenemos, hoy, es romper la creencia de que el neoliberalismo es un régimen natural, un régimen insuperable, un régimen que no tiene límite y que no tiene opción. Se necesita, pues, una pedagogía y un método que nos permita remontar el abatimiento y la desmoralización histórica de la sociedad contemporánea. Sin temor a equivocarme, afirmo que en Bolivia previo a la victoria material frente al neoliberalismo, este había sido derrotado intelectual e ideológicamente en los múltiples escenarios del debate público, oficiales, periódicos, la televisión, la academia, la universidad, las asambleas campesinas, las asambleas obreras, las asambleas barriales, es decir, había emergido, previamente, un horizonte alternativo que no solamente estaba dicho en un papel, sino que era expansivo que, poco a poco, se transmitía en el lenguaje del joven estudiante, del periodista, de un artículo de periódico, de la gente de la calle, de la ama de casa o en el lenguaje del vendedor. Eran palabras de ideas fuerza que comenzaron a ser utilizadas como una especie de un nuevo sentido común, es decir, un nuevo horizonte de época. Este tema de la victoria cultural, previa a la victoria social y política, para mí, es relevante”.

Ese triunfo sobre el neoliberalismo verificado en Bolivia y muy bien expresado por Álvaro García Linera justifican las palabras pronunciadas por Pablo Iglesias en el conversatorio “Alternativas políticas para la crisis global”, desarrollado en la ciudad de La Paz en el Auditorio del Banco Central de Bolivia (BCB), el 25 de septiembre de 2014; junto al vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia Álvaro García Linera.

“No podemos fallar, si ganamos, no podemos fallar; no podemos poner fácil al enemigo y los ataques son enormes, los ataques dicen: “si, si vosotros tenéis razón, pero serías incapaz de aplicar un programa económico, llevarías este país al desastre inmediatamente, se terminaría la inversión extranjera, las empresas se irían, habría un corralito inmediatamente, sería un colapso y además actuaríais de manera autoritaria”. Revertir eso no es solamente una cuestión discursiva, por eso estamos en América Latina porque América Latina en los últimos 10 años, Bolivia por ejemplo, es un ejemplo de lo contrario, de que se pueden hacer políticas económicas para incentivar la demanda interna, que las nacionalizaciones han sido exitosas, que el control político de los recursos estratégicos funciona para mejorar el nivel de vida de la gente, que en tan solo nueve años de gobierno los bolivianos viven muchísimo mejor que antes y que eso se prueba cada vez que les llevan a votar. Por eso estamos aquí, no para dar conferencias ni para enseñar nada, estamos aquí para preguntar, para aprender, para aprender qué es lo que significa el cambio político, cuando eso ya no es solamente reflexión intelectual en las universidades o cuando eso ya no es solamente la disputa de la política en el terreno electoral, sino eso significa ser gobierno y enfrentarse a todas las contradicciones, a todas las dificultades , a todos los elementos que, como decía antes, marcan la diferencia entre un revolucionario que asume que lo que puede hacer es reformas políticas a nivel del Estado y un incapaz; nosotros queríamos parecernos al primer grupo y para eso tenemos mucho que aprender de ustedes”.

Cándido Marquesán Millán

 

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