Cargando...
Estás aquí:  Portada  >  Hemeroteca  >  Artículo actual

Una reunión poco conocida entre políticos de la transición e historiadores

   /  21/09/2015  /  Comentar

    Imprimir       Email

No es decir nada nuevo que el período de la Transición ha sido mitificado, como si fuera un fetiche. Se ha convertido también en una mala costumbre que siempre que la democracia en España sabe a decepción o engaño, como ahora, se recurre a la Inmaculada Transición, como si fuera el bálsamo de Fierabrás para solucionar todos los problemas. Esos supuestos valores, no los cito al ser conocidos por todos, son cuestionables, aunque quien tiene la valentía de hacerlo es acusado con acritud de poner en peligro nuestra democracia que tantos esfuerzos nos ha costado construir. Afortunadamente ya abundan bastantes que cuestionan esos valores. Uno de ellos es Juan Carlos Monedero en su libro de 2011 La Transición contada a nuestros padres. Nocturno de la democracia española, momento en el que se corrió un tupido velo sobre los muertos asesinados por las tropas franquistas y que todavía reposan en las cunetas. La izquierda tuvo que hacer muchas concesiones. Tuvo que asumir la idea de que la democracia se inició en España con la Constitución de 1978, y no en los tiempos de la II República. En la pag. 220 del mencionado libro, Monedero comenta que algunas ideas centrales de su trabajo las presentó en 1992, de regreso de Alemania, donde hizo sus estudios de posgrado, en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Esta facultad, sigue diciéndonos Monedero, con mucho la más viva de la universidad española-por eso la señala con admiración la derecha- fue en su tiempo también la que articuló la visión oficial de la Transición, al coincidir allí profesores de la talla de Ramón Cotarelo, José María Maravall, Antonio Elorza, Julián Santamaría, José Álvarez Junco, Víctor Pérez Díaz, Ludolfo Paramio, Enrique Moral, Emilio Lamo de Espinosa, Manuel Pastor, Enrique Gil Calvo o Antonio Reig Tapia, todos acreedores, en mayor o menor grado, del relato de Transición como un modelo perfecto a imitar urbi et orbe. Ni que decir tiene que mi visión crítica con la Transición y beligerante con los intelectuales que la pensaron y la contaron fue de todo menos amable. Termina Monedero destacando que lo que le pareció durísimo fue el silencio al que condenaron a autores esenciales para entender el proceso de la Transición como Alfonso Ortí, Joan Garcés, Vidal-Beneyto, Gregorio Morán. Tales juicios para mí fueron un descubrimiento, ya que este período no había sido de mis preferentes hasta aquel momento. Como historiador traté de indagar sobre los trabajos de estos disidentes con la versión oficial. Y especialmente me impactó el libro de Gregorio Morán El precio de la Transición, publicado ya en 1992. y su artículo La transición democrática y sus historiadores de abril de 1992, del que extraigo unas líneas jugosas. “La clase política de la transición y sus historiadores se llevaron muy bien, ya que acordaron reunirse para decidir cómo se debía escribir la historia, el mes de mayo de 1984 en San Juan de la Penitencia, en Toledo, bajo los auspicios de la Fundación José Ortega y Gasset…Así fue posible que el gremio de historiadores especializados en la Transición construyeran una historia angélica basada en los testimonios de los protagonistas. La clase política procedente de la dictadura esperaba ansiosa el momento de exteriorizar su sensibilidad democrática. Los partidos clandestinos estaban henchidos de patriotismo y su militancia entendía que había llegado el instante de dejar a un lado las diferencias para aunarse en lo trascendental: la monarquía parlamentaria. El propio monarca esperaba el momento oportuno para anunciar a los españoles la buena nueva de la democracia. En fin, la ciudadanía, con una madurez y un pragmatismo dignos de nuestra estirpe y que no había tenido ocasión de manifestarse durante siglos, mostraba al mundo cómo se podía pasar de una tiranía totalitaria a un modelo democrático homologado con Occidente.

Obviamente interesado por la susodicha reunión toledana, traté de recabar información consultando los periódicos de la época y contactando con la Fundación José Ortega y Gasset. Reflejaré algunas notas sobre cómo contaron esta reunión El País y el ABC al ser dos periódicos, por lo menos en aquel entonces, muy distintos ideológicamente.

El País dejó constancia en dos días alternos. En la crónica del 12 de mayo de 1984, titulada Grandes medidas de seguridad en un seminario sobre la transición española firmada por Eva Castro: “Hasta este momento han intervenido Manuel Fraga, Manuel Gutiérrez Mellado, monseñor Martín Patino, Josep Tarradellas y Leopoldo Calvo Sotelo. Asimismo, un secreto total envuelve los coloquios que los invitados mantienen con una veintena de historiadores, expertos en el período de la transición que va desde la muerte del general Franco hasta las elecciones generales del 82, y por el momento sólo ha trascendido la buena disposición de todos los políticos asistentes a la hora de exponer su participación en la historia española reciente. Las reuniones, que tienen una duración preestablecida de cuatro horas para cada participante, se desarrollan durante el fin de semana en una habitación cerrada a cal y canto, en la que no puede entrar nadie, a excepción de los intervinientes. El mecanismo que se sigue en este seminario es el siguiente: se graban las conversaciones -aunque los políticos tienen la potestad de que no se realicen estas grabaciones- en una cinta de bobina y dos casetes; una vez finalizada la grabación, las cintas precintadas son guardadas en la caja fuerte de la fundación Ortega y Gasset. Las dos casetes pequeñas están siendo grabadas a petición de dos de los políticos participantes, mientras que la cinta de bobina quedará en depósito de la caja de la fundación, sin que se conozca el destino final que se le va a dar. Estas cintas están depositadas en la Fundación José Ortega y Gasset, tal como lo han corroborado algún funcionario de ella, tras mantener una conversación telefónica

Como condición previa a la celebración de este seminario, los políticos participantes exigieron todas las garantías posibles en cuanto al total secreto de las conversaciones, mientras que los historiadores adquirieron un “compromiso de honor” en cuanto a la utilización del material resultante, que sólo utilizarán para sus investigaciones.

Prueba de las reticencias informativas de los políticos participantes son la respuesta del ex vicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado sobre la OTAN. “Ni flaco ni gordo”, contestó. El ex presidente Calvo Sotelo manifestó: “Estoy practicando una total discreción en mis declaraciones políticas, porque ya he salido mucho en la Prensa; podría decir muchas cosas, pero no las digo por discreción”.

En la crónica del 14 de mayo de El País, titulada Felipe González afirma que el Rey y Suárez son los grandes personajes de la transición política y subtitulada 30 historiadores conocen la política española de estos años a través de sus artífices, lo más sustancioso: “El rey Juan Carlos ha sido, el personaje histórico más importante de la transición política, y Adolfo Suárez su más destacado protagonista, según puso ayer de relieve el presidente del Gobierno, Felipe González, al término de su intervención en el seminario que se ha celebrando en Toledo a puerta cerrada desde el pasado miércoles. .Felipe González, en un breve encuentro con los informadores, señaló que la transición se ha superado “desde el momento en que un partido obtiene la mayoría absoluta”, y añadió que la evidencia de que el Rey ha sido el personaje de más peso a lo largo de la transición y Suárez el verdadero protagonista es tal que “el que no lo reconozca así es que está loco”. El presidente del Gobierno se reunió, a las 10.15 horas de ayer, con los cerca de 30 historiadores e investigadores nacionales y extranjeros que han participado en el seminario Historia de la Transición Política. El seminario, clausurado ayer por la tarde con la intervención del ex presidente Adolfo Suárez, ha contado con la participación, entre los personajes invitados, de Manuel Fraga, José María Martín Patino, Josep Tarradellas, Leopoldo Calvo Sotelo, Santiago Carrillo, y el teniente general Manuel Gutiérrez Mellado. El ex presidente Carlos Arias Navarro, también invitado, excusó su asistencia.

Entre los investigadores e historiadores que han participado en las reuniones de trabajo, se encuentran los catedráticos y profesores españoles José Varela Ortega, Vicente Cacho, Juan José Linz, Javier Donézar, Miguel Beltrán, Carlos Alba, Juan Pablo Fusi, Santos Juliá, José Sanz Navarro, Miguel Artola y José Luis García de Velasco, entre otros. Por parte extranjera, asistieron los historiadores Edward Malefakis, de la Universidad de Columbia (EE UU); Raymond Carr, de la Universidad de Oxford; Carlos Floria, de la Universidad de Belgrano (Argentina); Stanley Payne, de Wisconsin (EE UU); Paul Preston, de la Universidad de Londres; Rafael Segovia, del Colegio de Méjico; y John Brademas, de la Universidad de Nueva York.

En cuanto al ABC recogió el evento el 16 de mayo de 1984 en una crónica de Trinidad de León-Sotelo, titulada La transición española, un ejemplo para el mundo como nueva obra de ingeniería política. Un breve resumen: Carlos Alba, Richard Gunther; Edward Malefakis, Charles Power reunidos en a casa de ABC, han expresado sus opiniones sobre el seminario, aunque limitados por el secreto comprometido. Impresión común ha sido el éxito, aunque al principio se mostraban escépticos ante los resultados. Sin embargo, la disposición de los políticos-Felipe González, Fraga Iribarne, Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo, Gutiérrez Mellado, Josep Tarradellas y Santiago Carrillo- al diálogo han sido determinantes. Las charlas han sido serias y corteses, pero sin crispación, matiza Alba. Con González hablaron durante cinco horas, y con Suárez y Calvo-Sotelo, siete. Una anécdota-el presidente del Gobierno en cuyo orden del día no figuraba comer con sus entrevistadores, cambió sus planes ya con el helicóptero en marcha-corrobora el ambiente distendido.

Sobre la personalidad de los políticos españoles, los participantes en los coloquios se han forjado ideas positivas. Este es el caso de Malefakis: “Los hombres de la Transición formaron un grupo extraordinario. Son de una capacidad que no suele darse en muchos países, y su buena voluntad es, también digna de encomio”. Cuando habla de Suárez no se para en elogios: “Fue lo mejor que se podía tener como líder”. Del comportamiento de los políticos, Powell destaca que, “aunque nos han dado versiones diferentes, nadie ha descalificado a nadie”. Consciente Alba de que un político es más un racionalizador que un ser racional, destaca la distancia reflexiva que tienen los protagonistas de la Transición. En opinión de Malefakis, lo que más sorprende es que “todo se hiciera con hombres relacionados con el régimen anterior. La Transición aquí se hizo mejor que en Grecia, que contaba con un líder experimentado como Karamanlis”. De “obra de ingeniería política nueva” califica Alba un proceso al que, según Gunther, ha contribuido una tolerancia que, a su vez, ha sido posible gracias a la memoria del pasado.

Por primera vez, un seminario de este tipo ha congregado más españoles que extranjeros, pero, aun así, o precisamente por ello, hay que preguntarles a los participantes no españoles por el atractivo que España ejerce sobre ellos a través del tiempo, y si puede estar basada en una visión negativa de lo español. Opina Malefakis que lo que ha pasado en España es que causas civilizadas se han visto frustradas, cosa que no ha sucedido ahora. Al hilo de esta afirmación, comenta Alba que hasta ahora “los hispanistas nos hacían la historia y nosotros poníamos los muertos”. Aunque con una cierta sonrisa, admite que “lo mejor es ser hispanista sueco, porque no nos dolería tanto la realidad”, asegura que “España tiene hoy más respeto mundial del que ha tenido desde el siglo XVIII”.

Con respecto a la participación del pueblo en la Transición la consideran fundamental, ya que, según Alba, “ni la sociedad correspondía con el régimen que tenía, ni los líderes anteriores al proceso eran representativos”. Puestos a buscar algún defecto a los españoles, señala Malefakis que “creer que se puede crear un mundo nuevo”.

Cada cual tras la lectura de estos documentos puede sacar sus propias conclusiones.

Cándido Marquesán Millán

    Imprimir       Email

Gracias por elegirnos

  • ElGuadalope.Radio.(G180)

    logoElGuadalope.Es

    Con +2 millones de consultas

    ® T.N.C. 290.177

    www.elguadalope.es

    ©1917 ® 2009 EL GUADALOPE

    Con nuevos retos...

    EuroGlobalMedia
    WhatsApp
    Pincha y escucha... ElGuadalope.Radio.(G180)

    Actualidad, entrevistas, plenos y música 24h. 

  • Opinión lectores

  • Hemeroteca

Te podría gustar...

El progreso de estos tiempos

Leer Más →