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“La pell de brau” – “ La piel de toro”

   /  14/11/2015  /  Comentar

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Cualquier día es propicio para practicar la lectura. Quien tiene esta costumbre bien arraigada está libre del aburrimiento. Unos prefieren las novelas para evadirse. Otros preferimos los ensayos de carácter político. La elección de un libro la hacemos por recomendación de un amigo, por una crítica literaria, o por el atractivo del título, como con el que acabo de leer La estrategia del malestar. El capitalismo desde la caída del Muro de Berlín hasta la crisis financiera de José María Ridao. El título se debe a que frente a la estrategia del bienestar, las élites desde hace unas décadas han preferido implantar la del malestar.

Un libro es una caja de sorpresas, por lo que te dice y por las nuevas perspectivas que te sugiere. En un capítulo Ridao cita el libro Los Perros guardianes del filósofo francés Paul Nizan publicado en 1932, el cual reprochó a los filósofos de su tiempo el que de tanto preocuparse por elucubraciones estrictamente filosóficas, se olvidaron de los problemas reales de los hombres: la guerra, el paro, la política, la explotación obrera… Y esa despreocupación estaba propiciando el que millones de jóvenes europeos gracias a la propaganda eran arrojados a las garras de políticos iluminados, tal como describió el periodista español Manuel Chaves Nogales en la Alemania de entonces. Otra sorpresa más. Un autor para mí desconocido. Cuanto más leo, más me apercibo de mis grandes carencias. Me sentí obligado a buscar información sobre Chaves. Además de escritor de una biografía, de momento no superada, sobre el torero Juan Belmonte, fue un gran periodista. En 1930 recorrió media Europa, incluidos Azarbaiyán y Georgia, indagando sobre los personajes obligados a exiliarse por la revolución rusa. Desde Matilde Kchesinska, la amante del zar y el mismo Kerenski. Investigó sobre personajes de la dinastía de los Romanoff y Trotsky. Todo ello dio lugar al libro Lo que ha quedado del imperio de los zares. Entrevistó a Goebbels. Y entre sus numerosos reportajes, el último suyo publicado en España fue Bajo el signo de la esvástica y el fascio de los lictores, subtitulado Mussolini y Hitler, los ídolos de nuestro tiempo. Chaves es un autor incómodo, ya que representa la Tercera España, alejada de los radicalismos de uno y otro extremo, una equidistancia que no evade en ningún caso su apuesta republicana. Se exilió muy pronto en los inicios de 1937 a Paris, nada más iniciada la guerra incivil, al no poder soportar la brutal carnicería emprendida entre españoles. Como el dijo “La verdad es esta: los heroicos y gloriosos ejércitos que luchaban en la Ciudad Universitaria estaban formados con la escoria del mundo. Basta fijar los ojos en la lista de las fuerzas que los componían. Frente a la Brigada Internacional de los rojos, la Novena Bandera del Tercio Extranjero de los blancos, una y otra, receptáculo de todos los criminales aventureros y desesperados de Europa”. El día que escribió esto firmó su sentencia de muerte literaria y civil.

Fascinado por este personaje, busqué uno de sus libros , que por su título me pareció más interesante A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, publicado ya en Chile en 1937 y en España en el año 2001. Lo leí de una tirada. El libro está compuesto de un impresionante prólogo, y nueve relatos, a cual de ellos más truculento, que son todo un paradigma del nivel de crueldad al que pueden llegar los seres humanos en determinadas circunstancias. Debería servir de lectura obligada en la asignatura de Historia de España de 2° de Bachillerato. Ahí van unos breves fragmentos de estos relatos. Del primero titulado ¡Masacre, masacre!, ubicado en el Madrid sitiado por las tropas fascistas es este: “Es inútil –arguyó el miliciano del pistolón– con los aviones de Italia y Alemania no podremos. No hay más táctica que el terror. Por cada víctima de los aviones, 5 fusilamientos, 10 si es preciso. En Madrid hay fascistas de sobra para que podamos cobrar en carne”. Del segundo De la gesta de los caballistas es este, que no le anda a la zaga: “De Sevilla ha salido el Algabeño con su tropa de caballistas con los mejores jinetes de la aristocracia sevillana y los hombres de su cuadrilla, sus banderilleros y picadores, capaces de lidiar lo mismo una corrida de Miura como un ayuntamiento del Frente Popular.” Por ello es comprensible que en el prólogo escribiera “De mi experiencia personal había contraído méritos para haber sido fusilado por los unos y por los otros. Sé de buena tinta que antes de la guerra civil, un grupo fascista de Madrid había decidido asesinarme, sin perjuicio de que los revolucionarios, comunistas y anarquistas, considerasen que yo era perfectamente fusilable”.

Otros españoles se vieron en la misma situación y no tuvieron la posibilidad de huir. Como el nacionalista catalán Carrasco y Formiguera, que al estallar la guerra, por católico tuvo que salir de Cataluña, mas al caer en manos de los rebeldes, por nacionalista fue ejecutado por orden expresa de Franco. Como colofón son oportunas las palabras, escritas en la primavera de 1937, de Garcés (Azaña) en La Velada de Benicarló: “¿Qué padecen los españoles para lanzarse a esta locura? Una porción de españoles ha pedido y admitido la entrada de ejércitos extranjeros con tal de reventar a sus propios compatriotas”

Acabo estas reflexiones con el poema XLVI de “La pell de brau” “ La piel de torode Salvador Espriu

A vegades és necessari i forçós
que un home mori per un poble,
però mai no ha de morir tot un poble
per un home sol:
recorda sempre això, Sepharad.
Fes que siguin segurs els ponts del diàleg
i mira de comprendre i estimar
les raons i les parles diverses dels teus fills.
Que la pluja caigui a poc a poc en els sembrats
i l’aire passi com una estesa mà
suau i molt benigna damunt els amples camps.
Que Sepharad visqui eternament
en l’ordre i en la pau, en el treball,
en la difícil i merescuda
llibertat.

A veces es necesario y forzoso
que un hombre muera por un pueblo,
pero jamás ha de morir todo un pueblo
por un hombre solo:
recuerda siempre esto, Sepharad.
Haz que sean seguros los puentes del diálogo
y trata de comprender y de amar
las razones y hablas diversas de tus hijos.
Que la lluvia caiga poco a poco en los sembrados
y el aire pase, como una mano extendida,
suave y muy benigna sobre los anchos campos.
Que Sepharad viva eternamente
en el orden y en la paz, en el trabajo,
en la difícil y merecida
libertad.

Cándido Marquesán Millán

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