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¿Y qué pasa si se repiten las elecciones? Pues, no pasa nada

   /  06/03/2016  /  Comentar

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Supera ya dos meses el período de “negociaciones” entre los diferentes partidos políticos para formar un gobierno. Desde los poderes mediáticos y económicos nos presentan que esta situación de ingobernabilidad y de inestabilidad política es una auténtica catástrofe para nuestra recuperación económica, ya que retrae la inversión e imposibilita la creación de empleo. Mucho que les importa a los grandes inversores el empleo en esta España nuestra. Por otra parte, la gobernabilidad y la estabilidad no son las cualidades esenciales de un sistema político. Durante 40 años de dictadura tuvimos un régimen político pleno de gobernabilidad y estabilidad.

Considero que unas nuevas elecciones es algo que entra dentro de la más estricta normalidad democrática. El discurso dominante es que si se ha llegado a esta situación de la inexistencia de un gobierno, es por la irresponsabilidad de nuestra clase política, que no está a la altura de las circunstancias, por su incapacidad para el diálogo y el  pacto, como lo estuvo la de tiempos de la Transición. Pues discrepo de tal apreciación. Siempre recurrimos al mismo discurso, cuando se nos presentan “problemas”, una dosis de Transición con el consabido y sobadísimo consenso. La razón de ser de la política es la existencia del conflicto. Resulta muy interesante, el concepto de democracia de Jacques Rancière como disenso, que choca con la visión de nuestra democracia impuesta desde la Transición como consenso. Para el filósofo francés, desde el colapso de la URSS la actividad política de las democracias occidentales está marcada por el “estado de consenso”. En este marco político, todo litigio político y social es visto como problemático, ya que va contra la normalidad de una comunidad definida en base a su cohesión y cuyos componentes  se presumen perfectamente integrados y representados en el todo. Esta visión contradice lo que de verdad representa la política, tal como vimos en el 15-M: el momento en el que los excluidos del orden político, o aquellos a los que se les asignaba un orden subordinado  o marginal, renunciaban a su lugar asignado en el statu quo y demandaban ser vistos y escuchados, reorganizando la topografía social. Por ello, la democracia implica la posibilidad de que lo que no contaba desde el principio, acabe contando; que quien era invisible, se haga ver. La democracia auténtica es disenso. Es muy poco democrático el que una parte de los españoles no pueda disentir de determinados corsés impuestos desde la Transición, como la ley electoral, la organización territorial o la Jefatura del Estado; y de las políticas actuales contra la crisis económica. Nos debería preocupar que 30 años después de los pactos y la negociación a la baja, impuestos en determinada coyuntura histórica, la democracia española siga aferrada todavía a la imperiosa necesidad de consenso, y no sepa negociar el disenso, que se sigue interpretando como un riesgo para nuestra democracia. Por ello, cuando un grupo político defiende su programa y se reafirma en sus principios, y decide no pactar con otras fuerzas políticas ante presiones muchas veces espurias, no comete un acto de irresponsabilidad política. Todo lo contrario.

Hecha esta reflexión, prosigo, si hemos sido nosotros los que hemos decidido con nuestros votos romper con el caduco sistema bipartidista, que explica en gran parte muchos de nuestros males actuales, y dar protagonismo a otros partidos políticos, lo que significa una nueva y compleja situación política, no resulta descabellado que seamos nosotros también quienes tomemos de nuevo la palabra para tratar de resolverla. La presencia de los cuatro grandes partidos PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos, conocidos sus diferentes planteamientos políticos, explica en gran parte la situación actual: la no investidura de Pedro Sánchez. El PP no puede apoyar el pacto PSOE-Ciudadanos, con la consiguiente investidura a Pedro Sánchez, porque sus votantes ni lo entenderían ni se lo perdonarían. Que Podemos no la haya apoyado ni  se haya abstenido es igualmente lógico, conocidas sus diferencias con los planteamientos del partido de Rivera de cerrazón ante el problema de Cataluña, como también en cuanto a las políticas sociales y económicas.  Podemos de haberla apoyado, eso hubiera sido una traición a su programa electoral, en el que se especificaba con nitidez manifiesta el referéndum en Cataluña, tema que explica sus buenos resultados electorales en Cataluña, Euskadi, Galicia, Valencia, e incluso en Madrid. Evidentemente Pedro Sánchez podría haber pactado con Podemos, IU y Compromís, que con  la abstención de los nacionalistas hubiera sacado adelante su investidura, pero esa opción se la impedía el aparato del PSOE, los grandes poderes económicos, y además los resultados de  la consulta a la militancia socialista que ratificó el pacto “progresista y “reformista” con Ciudadanos.

Por lo expuesto, es lógico que haya nuevas elecciones. Trataré de hacer unas previsiones sobre sus posibles resultados y también sobre un futuro gobierno, teniendo en cuenta lo ocurrido en estos más de dos largos meses, asumiendo que pueda equivocarme. No obstante alguna vez acierto. Como lo hice al recomendar que una de las maneras de desactivar las presiones sobre Pedro Sánchez  por parte de los barones del PSOE era realizar una consulta a la militancia. Y la hizo. Pero retorno al futuro próximo, a los previsibles resultados tras las nuevas elecciones. El PP perderá, como mínimo, de 20 a 30 diputados, por la inacción, cobardía y falta de coraje político de Mariano Rajoy; además salpicado por la continua aparición de nuevos casos de corrupción. En un  país normal, que el PP fuera castigado como mínimo con las pérdidas mencionadas, sería lo normal. El PSOE ganará entre 15 o 20 escaños, recuperando votantes de Podemos, ya que Pedro Sánchez además de su protagonismo por la investidura, ha mostrado, según nos dicen los medios de comunicación, tal como acabo de leer en El País, un ejercicio de responsabilidad y de capacidad por el diálogo, al haber conseguido un pacto. Ciudadanos sumará unos 20 diputados del granero de votantes del PP, cabe pensar sobre todo hastiados estos de tanta corrupción; y también, como Pedro Sánchez, por su capacidad de diálogo y propensión al pacto, dando muestras de un ejercicio de responsabilidad, Bla. Bla, Bla. En cuanto a Podemos, perderá los escaños que irán al PSOE, acusado por los grandes poderes mediáticos de intransigencia, radicalismo e izquierdismo de su máximo dirigente, Pablo Iglesias.

En conclusión. Saquen cuentas. El PSOE pasará de 90 a 105 o 110 escaños. Ciudadanos de 40 a 55 o 60. Con estos resultados rozan la mayoría absoluta, y si no la alcanzan, para eso estarán PNV, Coalición Canaria. Situación idónea para las instituciones europeas, poderes económicos y mediáticos. Mientras tanto, el PP llevará a cabo su regeneración, lo que no le impedirá apoyar las políticas del gobierno de coalición PSOE-Cs., que llamémoslas “reformistas”, una auténtica perífrasis, para ocultar la autentica realidad política, que serán más de lo mismo. A Podemos le seguirán atacando desde todos los frentes, por lo que su papel político será cada vez menos importante. Desgasta mucho más estar en la oposición que en el gobierno. Tiempo al tiempo.

Cándido Marquesán Millán

 

 

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