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“Con carácter urgente manifieste usted al Gobierno francés que México está dispuesto a recoger a todos los refugiados españoles residentes en Francia”

   /  03/04/2016  /  Comentar

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En su artículo Psicopatía y liderazgo, los psicópatas que nos gobiernan, el psicólogo mejicano Eduardo Estrada Loyo nos dice, el periodista norteamericano Jon Ronson ha descubierto –en un test para la detección de la psicopatía, elaborado por el psicólogo de la University of British Columbia, Robert Hare y diseñado para detectar rasgos psicopáticos en los delincuentes pertinaces y en los asesinos en serie que muchos psicópatas conviven con nosotros y lo hacen, además, de manera bastante exitosa. Dicha prueba se basa en la escala PCL Psichopaty Checklist del propio Hare, la cual arrojó sorprendentes resultados cuando se aplicó a políticos, responsables de corporaciones y altos ejecutivos. Con los resultados de dicho test, Ronson escribió un libro: A Psychopath Test (El test del psicópata), en el que afirma que “el capitalismo, en su expresión más despiadada, es una manifestación de psicopatía”, y agrega que lo sucedido en la última crisis bancaria fue resultado de una especie de capitalismo moldeado por una elite de psicópatas; “los psicópatas que medran en el mercado de valores no son tan malos como sus colegas penitenciarios y asesinos seriales”; por lo que Hare le replica que: “los asesinos seriales arruinan familias. Los psicópatas corporativos, políticos y religiosos, arruinan economías, sociedades y países enteros”. Hare prosigue: “los psicópatas carecen de conciencia y empatía, es decir, son incapaces de ponerse en los zapatos del otro, toman lo que quieren y hacen lo que les place, violando las normas sociales sin culpa o remordimiento alguno, faltándoles las cualidades que les permiten a las personas vivir en armonía con sus semejantes”.

De acuerdo con lo expuesto, los dirigentes actuales de la UE son auténticos psicópatas. ¿Los Cameron, Hollande, Renzi, Rajoy, Orbán,  Juncker, Tusk no sienten remordimiento ni vergüenza ante tanto sufrimiento humano de los refugiados ante nuestras propias puertas? Refugiados procedentes de países como Afganistán, Irak, Siria, Libia, inmersos en dramáticas e interminables guerras, de las que los europeos somos en buena parte responsables. Al respecto, cabe recordar la foto de las Azores, que el ínclito Aznar pensó que sería histórica como la que posaron en la Conferencia de Yalta al final de la II Guerra Mundial Josep Stalin, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt. Las imágenes recuerdan inevitablemente por su dramatismo y su carga humana la apresurada salida de la Cataluña, recién conquistada por las tropas fascistas, hacia la frontera de Francia, salpicada de lluvia y frío, y con continuos y terribles bombardeos, de millares de españoles al final de nuestra guerra incivil. Mas ante este drama humano de tantos españoles, hubo entonces una respuesta contundente, que a todos los europeos de hoy nos debería servir de motivo para una profunda reflexión y también de vergüenza.. Lázaro Cárdenas el presidente de la República de México de 1934 a 1940, desde los inicios de la Guerra Civil española tendió una mano amiga a este país. Dio asilo político en su embajada a los que padecían los rigores del conflicto, tomó a su cargo a más de 400 niños españoles (Morelia) y tras el conflicto, acogió cerca de 25.000 españoles del bando republicano. No sólo a los intelectuales de prestigio, los investigadores o los científicos. También los artesanos, los obreros, los agricultores… Todos los europeos de hoy deberíamos  leer  este comunicado de Cárdenas, de 23 de junio de 1940 a su embajador en Francia, Luis I. Rodríguez: “Con carácter urgente manifieste usted al Gobierno francés que México está dispuesto a recoger a todos los refugiados españoles de ambos sexos residentes en Francia. Diga usted que este Gobierno está tomando medidas conducentes para llevar a la práctica esta resolución en el menor tiempo posible. Si el Gobierno francés acepta en principio nuestra idea, expresará usted que desde el momento de su aceptación, todos los refugiados españoles quedarán bajo la protección del pabellón mexicano. Asimismo, de aceptar el Gobierno francés, sugiera usted forma práctica para realizar propósito, en la inteligencia de que en atención a las circunstancias, nos dirigimos a Gobiernos alemán e italiano, comunicándoles nuestro deseo. Conteste urgentemente”.

Luis I. Rodríguez pese al cruento escenario tras la intervención nazi, cumplió su misión urgente en aquella Francia humillada y de gobiernos divididos, para lograr la salida de miles de refugiados. Además escribió un libro extraordinario sobre estos momentos trágicos de Francia Ballet de Sangre. La caída de Francia, donde nos describe los campos de concentración, ofrecidos como albergue a españoles: “Deshonran al Gobierno francés y a un pueblo que creímos un positivo baluarte de solidaridad humana, de hospitalidad fecunda y limpia. No exageramos al decir que esas prisiones, ni siquiera dignas de enemigos, son claro exponente de almas retacadas de hollín, de cerebros enloquecidos por la ruindad y el miedo; son obra del desastre moral de Francia, del egoísmo, de la estulticia, de la falta de fe en el destino propio”. No menos indigna es su conversación mantenida con el general Petain, el cual le pregunta: ¿Por qué esa noble intención que tiende a favorecer a gentes indeseables?” Rodríguez: “Le suplico la interprete usted, como un ferviente deseo de beneficiar y amparar a quienes llevan nuestra sangre y nuestro espíritu”. Le replicó Petain: “Pero llamemos a esa actitud impulso de humanidad, mejor que auxilio a Francia, porque de sobra conocemos que en las grandes miserias las ratas son las primeras que perecen, y en el caso nuestro, los exiliados de España estarían obligados a llevar ventajosa delantera a mis compatriotas”.

Retorno a la actualidad. La gran mayoría de los que llegan a las costas de Grecia, Italia o España son refugiados, lo que no quita que también vengan emigrantes. De una manera torticera, se entremezclan con finalidades de réditos electorales inmigración con refugiados. Mas hay que hablar con propiedad. Insisto, la gran mayoría de los que llegan son refugiados, tal como se especifica claramente en la Declaración de Cartagena de 1984 “refugiados son las personas que han huido de sus países porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público”.

Una atención adecuada por parte de las instituciones de la UE a los refugiados no sólo es exigible por razones humanitarias, sino también porque  así lo establece la legislación, tanto internacional como nacional. Además por el peso de la historia, ya que el asilo político, es un derecho sedimentado en las culturas que llegan a considerar la protección del refugiado como perteneciente a lo sagrado. Para los romanos, asilo era un dios. Y si no fueran suficientes los motivos expuestos, apelo a la conciencia de muchos gobernantes de la UE pertenecientes a la democracia cristiana, para los cuales uno de sus valores es el del humanismo cristiano. ¿O no es así, Sr. Fernández Díaz?.

Además tal como señala Stefano Rodotá,  hoy hemos salido de un tiempo en el que el derecho de asilo era casi siempre político y reconocido casi exclusivamente a una élite intelectual. Estamos viendo que es un fenómeno de masas que lleva las razones del refugio más allá del catálogo reflejado en la Convención de la ONU, en el Estatuto del Refugiado de 1951, que habla del “justificado temor de ser perseguido por raza, religión, ciudadanía, grupo social u opiniones políticas”. Las mismas referencias se hallan en constituciones y declaraciones de derechos a propósito de la igualdad, y que así remite y afecta también  al refugiado. El catálogo se ha ampliado en la Carta europea de derechos y en la Declaración de Cartagena, ya citada. Incluso, se vislumbran en el futuro nuevas figuras de refugiados, como, por ejemplo, los “ecoprófugos”, obligados a huir por el cambio climático, que les imposibilita su modo de vida en los territorios en que históricamente han vivido.

Al refugiado político se le debe garantizar el ejercicio de sus libertades democráticas para acceder a los derechos fundamentales. No solo asilo. Los Estados no deben desatenderse de sus condiciones materiales. Tienen que acceder a bienes esenciales vitales como la instrucción, el trabajo, la salud, que son precondiciones para el ejercicio de las libertades democráticas, tal como aparece reflejado en la Ley 12/2009, de 30 de octubre, reguladora del derecho de asilo y de la protección subsidiaria, como desarrollo del art. 13 de nuestra Carta Magna. Y las leyes hay que cumplirlas.

Cándido Marquesán Millán

 

 

 

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