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El neoliberalismo una máquina de fabricar trabajos inhumanos, degradantes e indignos

   /  16/05/2016  /  Comentar

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En estos últimos años estamos constatando los ataques brutales e indiscriminados hacia los trabajadores, no solo desde la derecha, sino también desde la izquierda socialdemócrata. Ejemplo de la primera es la reforma laboral del PP. De la segunda es la que se está tramitando en este momento en Francia por el primer ministro Valls. Mas aquí podíamos incluir también las de Rodríguez Zapatero o de Schroeder en Alemania. Todo ello producto del tsunami neoliberal. Merece la pena que nos hagamos la pregunta de cómo se ha impuesto la hegemonía neoliberal. Según Xavier Domènech, al final de la II Guerra Mundial en Europa occidental la hegemonía fue la socialdemócrata, impregnada de la teoría económica keynesiana. Toda hegemonía implica una alianza, un pacto social de clases, donde una de ellas detenta la supremacía hasta tal punto que consigue convertir su proyecto de clase en un proyecto, que es percibido ya no como de clase, sino como el común y extensible a todas ellas y a toda la sociedad. Este proceso de construcción de la hegemonía, implica una operación cultural compleja, mas tiene una base consensuada y presupone un pacto social. El neoliberalismo dinamitó el pacto social posterior a la II Guerra Mundial, realizado entre la democracia cristiana y la socialdemocracia, que estuvo vigente hasta los años setenta del siglo XX. Si hoy se ha convertido en hegemónico el neoliberalismo, son tan responsables los que lo han preconizado, como los que lo han consentido y asumido. En definitiva, se ha producido un pacto social. Mientras se expandía el neoliberalismo, ¿no gobernaban los González, Mitterrand, Blair, Schröder, ZP-? Y sin embargo, los socialdemócratas aducen que los neoliberales son siempre los otros, los gobiernos conservadores, los grandes grupos financieros, mediáticos o políticos; pero no ellos. Thatcher será un demonio, pero su pensamiento late en muchos corazones de una socialdemocracia que dejó de creer y de defender a las clases populares, y se formó en varias décadas en el pensamiento neoliberal hasta hacerse totalmente inservible como alternativa. Por ello, ya no sabe cómo emprender un nuevo camino al margen de todo aquello que ha asumido. Lo que empezó como una lucha de clases, iniciada e impulsada por las clases altas, transformándose en un nuevo pacto de clases, se convirtió finalmente en una nueva hegemonía, que no solo afecta a los partidos de la derecha, sino también a los de la izquierda, e incluso, todavía más, a todos nosotros.

En este contexto neoliberal no solo se ha producido una reducción brutal de los derechos de los trabajadores, recayendo sobre ellos el peso y coste de la crisis. Se ha tratado a la vez de un plan perfectamente programado de desvalorización del trabajo, para privarlo de dignidad, quedando reducido a mera mercancía, como en los inicios del la Revolución Industrial. El objetivo de las reformas, más que económico es claramente político: la humillación de los trabajadores, dándoles un trato inhumano, degradante e indigno, y la vergonzosa exhibición del poder absoluto del empresario. El mensaje de la política enviado a los mercados es claro: estamos de vuestra parte.

Como señala Luigi Ferrajoli, mientras que la precariedad está generada por las medidas antisociales de las reformas laborales puestas en marcha, el desempleo es algo estructural,  destinado a agravarse en el futuro, producto de la irresistible y creciente reducción del trabajo en los nuevos procesos tecnológicos cada vez más avanzados. Se ha roto definitivamente la relación entre trabajo y subsistencia descrita por Locke en los inicios del capitalismo, cuando señaló que la supervivencia dependía de la propiedad, la cual era fruto del trabajo, y que todos podían trabajar si lo deseaban al haber tierra más que sobrante en el mundo para dar satisfacción hasta el doble de los habitantes del planeta: siempre se podía ir América con inmensas tierras incultas. Esta legitimación ideológica del capitalismo es hoy desmentida, no solo por la falta de trabajo, sino por la negación o penalización del derecho de emigrar. En definitiva, hoy, la supervivencia no es un hecho natural, sino algo artificial, que depende de la integración social. Y esta depende de tener un puesto de trabajo, o de la disponibilidad de una renta de subsistencia en el caso de estar en situación de desempleo.

Un Estado de desde un punto de vista ético, no puede dejar abandonados a muchos de sus ciudadanos en la indigencia, la miseria o la exclusión. En nuestra Constitución en el Capítulo II Derechos y Libertades, y en la Sección 1ª De los derechos fundamentales y de las libertades políticas, en su artículo 15 se especifica Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes. Y en el Título Primero De los Derechos y Deberes Fundamentales en su artículo 10. 1 se especifica. La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social. Los millones de españoles en paro y además sin prestación por desempleo, e incluso, muchos de los que trabajan con sueldos miserables, están recibiendo por parte del Estado un trato inhumano y degradante, y por supuesto, provocando un grave daño a su dignidad.

Podríamos recurrir a otros muchos artículos de nuestra constitución para justificar el juicio expuesto. Como el artículo 35. 1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo. De igual modo podríamos recurrir a la legislación actual de la Unión Europea y la de carácter internacional.

Pero es que además existe una tradición histórica, que se remonta a la Revolución Francesa.  En la Constitución montañesa de 1793 y en su artículo 21 se especifica. Las ayudas públicas son una deuda sagrada. La sociedad debe la subsistencia a los ciudadanos desgraciados, ya sea procurándoles trabajo, ya sea proporcionando los medios de existencia a lo que no estén en condiciones de trabajar. 

Como conclusión de lo expuesto, si un ciudadano no tiene un puesto de trabajo, debe disponer de una renta para cubrir sus necesidades básicas, proporcionada por el Estado. Como parece por tal como hemos comentado anteriormente que no va existir trabajo para todos, o se reparte el existente, o se entrega una renta. Aquí entraría la aprobación de una renta básica universal, sobre la que quiero detenerme algo más en profundidad para su justificación.

La problemática actual de grandes sectores de la población se explica en gran parte por la estructura del mercado laboral. Según David Casassas, como señaló Polanyi en 1944, el mercado de trabajo es imprescindible para muchos al no disponer de otros medios para subsistir. Adam Smith ya lo afirmó: las clases trabajadoras acuden a los mercados de trabajo “con el frenesí de los desesperados” y, por ello, con escaso poder de negociación frente al patrono. Situación que hoy persiste, ya que nos agarramos a cualquier trabajo ofrecido, dadas las elevadas tasas de paro. Ya desde Aristóteles a Marx sabemos  que el trabajo asalariado  como realidad impuesta por la necesidad de sobrevivir, es incompatible  con la libertad: para Aristóteles es “esclavitud a tiempo parcial””; para Marx “esclavitud salarial”. Sobre este sustrato ya antiguo del capitalismo, hoy se añade la flexibilidad y la precariedad, que permite someter a condiciones laborales al trabajador cada vez más dramáticas.  En definitiva, el trabajador ya no tiene libertad de decisión sobre su trabajo.

Para romper está dinámica un instrumento podría ser la Renta Básica Universal (RB), una asignación monetaria incondicional a toda la población, frente a otras condicionadas como la del desempleo, la Renta Mínima de Reinserción, el PER, etc. No es una idea de cuatro iluminados. Vinculada a la Basic Income Earth Network (BIEN), con 15 años de antigüedad en España existe la Red de Renta Básica, que ha organizado ya el XV Simposio sobre el tema. Hay mucho trabajo científico detrás. Por ende, para criticar algo, primero hay que conocerlo.

Uno de los expertos de la RB Daniel Raventós, en una entrevista publicada en el IV Monográfico Renta Básica, explica sus objetivos. Evitaría los daños psicológicos y morales vinculados a la estigmatización social del perceptor de un subsidio condicionado; la RB, a diferencia de los subsidios condicionados, tiene poquísimos costos de administración. Si es de una cantidad igual o superior al umbral de la pobreza, acabaría con ella de forma inmediata. Significaría una gran redistribución de la renta del 20% más rico al resto de la población. Pero no es sólo una medida contra la pobreza. Hay una característica “subversiva”: el poder de negociación de la clase trabajadora se incrementaría y recuperaría su libertad. La principal herramienta de que dispone el capital para disciplinar a la clase obrera, como afirmó Michael Kalecki, es la existencia de una población laboral excedente, como en la actualidad. Con una RB, al tener la existencia material garantizada  esta “principal herramienta”, este poder disciplinador, quedaría muy  debilitado, ya que los buscadores de empleo no aceptarían trabajos miserables.

La RB la recibiría toda la población, pero no todo el mundo ganaría, ya que para su financiación sería necesaria una reforma fiscal. Si todavía hay algún incrédulo sobre la imposibilidad de la financiación le recuerdo la elevada evasión fiscal en España, ya que la recaudación total solo asciende al 38,2% del PIB, mientras que en Alemania es el 44,6%; en Francia el 53,2%; en Italia, al 47,9%; y en Holanda, al 43%. Y otro dato, Luis Garicano, el responsable económico de Ciudadanos ha estimado en 200.000 millones de euros las pérdidas por la corrupción en España.

La RB tiene además una fundamentación filosófico-política detrás de origen republicano de tiempos de la Revolución Francesa, basada en la idea de Fraternidad que significaba en 1790 –cuando en la Asamblea Nacional Robespierre acuñó la divisa: Libertad, Igualdad, Fraternidad— universalización de la libertad republicana y de la reciprocidad en esa libertad que es la igualdad republicana. Es decir, que todos, pobres, criados, asalariados, artesanos, campesinos, mujeres, todos los que necesitaban depender de otro para vivir y para existir, pudieran acceder como ciudadanos de pleno derecho a una sociedad civil de libres e iguales. Y lo podrían conseguir, si tenían sus propios medios de existencia garantizados.  Esa es la auténtica concepción de fraternidad. Sin autonomía económica, hablar de libertad es una falacia.

Además termino con la opinión de Ferrajoli sobre la Renta Básica Universal, coincidente en que terminaría con muchos trabajos degradantes y el poder disciplinador del empresario tal como señala Raventós. Pero añade un aspecto nuevo muy interesante sobre la RB, se acabaría el trabajo como mera mercancía, al convertirse en libre lección; no un trabajo servil, coaccionado, sino un trabajo como expresión de la identidad de la persona, fruto de su autodeterminación, factor de dignidad social y del desarrollo de su personalidad. La RB al garantizar la subsistencia, un derecho así es incluso un metaderecho, que refuerza la libertad contractual y la dignidad de todos los trabajadores.

Cándido Marquesán Millán

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