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La abstención, el pecado original del PSOE

   /  21/06/2017  /  Comentar

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Finalmente llegó el desenlace de las primarias en el PSOE, con el triunfo sin paliativos de Pedro Sánchez. Inesperado para el aparato del partido, ya que no pisa tierra, al vivir absorto en sus despachos. ¿Todavía no se ha enterado que los tiempos son otros y que los partidos políticos deben democratizarse? No en vano, irrumpió el 15-M, que modificó la agenda política. Previsible para cualquier ciudadano normal, que pudo observar la antipatía manifiesta de la militancia hacia Susana Díaz, representante de lo peor del felipismo rancio, apolillado, sin crédito alguno hoy.

Es digna de elogio la resurrección política de Pedro Sánchez, cuando la mayoría lo consideraba, y especialmente los barones de su partido, como un cadáver político. Unas primarias no son controlables por al aparato, como dijo Fernández Vara “O acabamos con las primarias, o las primarias acabarán con nosotros”. ¡Vaya lección de democracia! Convendría, para regenerar nuestra democracia, que las primarias estuvieran abiertas no sólo a los militantes sino también a los simpatizantes, como en Francia, ya que un partido político no es propiedad ni de su ejecutiva, ni de sus militantes, sino de toda la ciudadanía, que para eso reciben financiación pública para su funcionamiento en un 80%.

El golpe de Estado realizado en el PSOE, por la cuestión de la abstención, cabe explicarlo en el contexto de las dos elecciones generales del 20-D y 26-J. Nunca  en nuestra democracia a ningún líder que aspirase a formar gobierno se le ocurrió reclamar la abstención de la oposición, declarándola a continuación responsable de la suerte que corriera el país si se la negaba. Quien más responsabilidad tiene a la hora de formar un gobierno es el partido más votado y su candidato. Es de cajón. Pues, aquí en esta España nuestra, trabajando en plena connivencia la prensa y la clase política le dieron la vuelta a la realidad. La responsabilidad única era de la oposición,  del PSOE y Pedro Sánchez. Hecho que asumió la mayoría de la sociedad española. Lo cual le obligaba a la abstención, aun cuando fuera contraria a lo expuesto en campaña electoral. De no hacerlo era acusado de irresponsabilidad y de falta de sentido de Estado. Por cierto, no era necesaria la abstención del PSOE, tal como hemos visto con la aprobación de los presupuestos del 2017.

Impuesto el mantra de la abstención, un sector importante del PSOE decidió aprovecharse de ella  para esconder sus ambiciones personales detrás de un falso sentido de Estado. El problema radicaba en que cualquier dirigente socialista que consintiera la abstención perdería la oportunidad de llegar a la secretaría general. Borrell lo dijo muy claro, ningún dirigente se  atrevía a ‘salir del armario’ para abstenerse a un gobierno de Rajoy porque eso “tiene un coste político”. Sin embargo, se preguntó si los que ahora abogan por la abstención porque ‘con 85 escaños no se puede gobernar’ no sabían que el PSOE tenía esos mismos escaños en el Comité Federal anterior, cuando votaron ‘no’ a Rajoy. Luego llegó el lamentable espectáculo del comité federal del 1 de octubre, en el que lo que de verdad estaba en juego era que apechugase el entonces secretario general con el fardo de la abstención, no por el interés del país, sino para destrozar su futuro político y así dejar el camino expedito a Susana Díaz. Por supuesto, también tenía que asumir en exclusiva los malos resultados electorales que se iban sucediendo, que para  los barones eran buenos.  ¿Cómo  cabe entender que pocos días antes de las elecciones  autonómicas del 25-S en Galicia y Euskadi, claves para la posible formación del gobierno de España, criticasen a su secretario general? ¿Cuál era el objetivo? Propiciar los malos resultados electorales del PSOE. Un partido dividido ahuyenta a muchos electores. Aunque parezca inconcebible, eran partidarios de cuanto  peores resultados  mejor, para así justificar el quitárselo del medio.  Para conocer a fondo todas las miserias humanas, nada más eficaz que la vida política.

Tal como señala José María Ridao si esta decisión tan conflictiva, la de la abstención, hubiera discurrido por los cauces estatutarios, su desenlace no habría interesado más que a la pequeña historia del Partido Socialista. Como se dirimió por vías de hecho  Rajoy es hoy presidente del Gobierno gracias a que la posición defendida y expresada con claridad meridiana en campaña electoral por el legítimo secretario general de los socialistas fue violentada por vías de hecho y al margen de los estatutos. Y en las vías de hecho se mantuvo todo lo que vino a continuación, una gestora que decidió sobre la línea política del partido sin tener atribuciones, que actuó bajo la sombra de la parcialidad, y que, finalmente, se despide de sus funciones convocando un congreso ordinario cuando los estatutos exigen uno extraordinario.

Hace falta una reconstrucción del PSOE, tras su autodestrucción por el tema de la abstención, que quienes decidieron su conveniencia, sabían perfectamente que el PSOE iba a salir fracturado y fuertemente debilitado, lo que tampoco les venía mal, aunque luego con grandes dosis de hipocresía manifestaban la necesidad de un PSOE fuerte. Tarea no te va a faltar, Pedro. Y ándate con mucho tiento. En política a veces se debe perdonar y olvidar; otras, olvidar sin perdonar; y algunas, ni perdonar ni olvidar.

Cándido Marquesán Millán

 

 

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